Sociedad para el crimen (EU, 1968), dirigida por Norman Jewison, con Steve McQueen y Faye Dunaway y El caso Thomas Crown (EU, 1999), dirigida por John McTiernan, con Pierce Brosnan y Rene Russo.

Un millonario sensual y aburrido, una mujer atractiva que sospecha de él. Un juego de seducciones, donde el espectador no sabe a ciencia cierta quién engaña a quién ni cuál de los personajes resultará ser el perdedor.

Toma uno: Steve y Faye

La primera versión de la cinta se estrenó en 1968 con críticas positivas e incluso obtuvo un premio Oscar a mejor canción original –“The windmills of your mind”–, de Michel Legrand. Encarnando a Crown, Steve McQueen se enfunda en trajes de diseñador y relojes de marca, juega al polo, vuela en planeador, monta en un buggy y planea de forma impecable el asalto a un banco… solo por diversión.

Por su parte, Vicki Anderson –Faye Dunaway– no se queda atrás en cambios de ropa ni en el disfrute de lujosos eventos en su personaje de investigadora de una agencia
de seguros, para la cual tendrá que averiguar quién diablos es la mente maestra del atraco al banco. Cuando sus sospechas recaen en Thomas Crown, se vale de diversas armas para descubrir la estafa, entre ellas, la seducción.

La química entre Thomas/Steve y Vicki/Faye es indiscutible, explosiva, imposible de soslayar. La escena de la partida de ajedrez es de una sensualidad imperturbable: miradas retadoras seguidas de close ups al tablero, los dedos acariciando las piezas, labios que provocan, ojos que agitan voluntades hasta llegar al clímax, con un jaque seguido de un apasionado beso entre los protagonistas.

Toma dos: Pierce y Rene

Treinta años después llegó a los cines el remake, esta vez con las actuaciones del James Bond de la época, Pierce Brosnan, y en el personaje de Catherine Banning, la rubia Rene Russo. En ese filme, el aburrido millonario se entretiene robando obras de arte de las maneras más ingeniosas, mientras que la investigadora ejerce su poder de seducción con un vestido semitransparente y un baile un tanto soso, aunque no exento de humorismo. Aquí Thomas Crown también vuela un planeador, pero además conduce un yate y visita al psicoanalista –cheque el cameo de Faye Dunaway–, mientras que el tema que le diera el Oscar a la primera versión es reinterpretado por Sting.

Definitivamente, la pareja de la primera versión supera con creces a esa de finales de siglo. Más que la atracción entre los protagonistas, sobresale la escena en la que se ejecuta un robo a museo abierto –se acondicionó otra locación, ya que el Met de Nueva York negó su permiso para filmar en él–, donde varios hombres se ponen un bombín, semejando a la pintura Le fils de l’Homme (1964), del surrealista belga René Magritte, para confundir y despistar a la Policía.

Toma todo: quién engaña a quién

Dicen los críticos que la primera versión es la mejor, que el remake es aburrido. En realidad, ninguna de las versiones pretende ser una obra de culto, por lo que ambas resultan entretenidas sin tener grandes pretensiones. Finalmente, hay que aclarar que los finales son distintos, uno es feliz y otro no, ¿puede adivinar cuál es cuál?

Semblanza

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