Carlos Alberto Rodríguez Arriaga, licenciado en derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), desde hace años, jovencísimo, comparte un deleite: la música.
Nunca descuidó deberes profesionales, pero encontró huequitos para explorar espacios en su inclinación artística que, confiesa, es parte misma de su razón de ser.
Ejecutante, marcador de ritmos en batería, apostó un tanto por el rock and roll, sin olvidar otros géneros. No fue rigurosamente selectivo.
Y he aquí que apenas ayer, cuando el país entró en letargo de no pronunciamientos políticos, reprodujo un DVD pródigo, en que se canta a los cariños y a las desdichas.
A los intérpretes, algunos ya no presentes en este mundo, les ganaron las hojas del calendario.
Para Rodríguez Arriaga fue como de oasis, para rememorar, en brevedad, su romanticismo y sus conocimientos.
El paquete titulado La absoluta colección del bolero incluye tres CD’s y DVD. Recurrió al segundo porque “imágenes ayudan a revivir los hondos sentimientos”.
Hay dos de los grandes en tan selecta recopilación: un juvenil Juan Gabriel de entonces, con “No me vuelvo a enamorar”.
El Divo de Juárez escalaba hacia la fama. Se nota su empatía con el público y la natural sencillez.
Y otra es Vikki Carr, con su inolvidable “Total”.
Loable su casi perfecto español y también la carga emotiva.
El tema “Sabrá Dios” lo interpreta la espigada Manoella Torres y el trío que marcó historia: Los Panchos.
“Poco ya se sabe de ellos”, acotó Carlos Alberto, “pero fueron de esas buenas épocas”.
Tras un popurrí con Estela Núñez, siguió “El pecador”, con suprema voz grave, de ojos entrecerrados y ya sin cigarrillo en la diestra de Alberto Vázquez.
Afirman seguidores: “canción que lo consolidó”.
Breve la pausa para seguir con María Victoria, de doble apellido Cervantes, nacida en Guadalajara un 26 de febrero de 1936. Diva del cine de oro y del supremo cariño por un competente locutor y presentador de televisión, Rubén Zepeda Novelo, yucateco, quien murió joven y a quien la cancionera del estilo calmó, haciendo largas las palabras como ceñidos fueran sus atuendos, nunca olvidó.
En ese mismo recorrido, Javier Solís, el que surgiera de las madrugadas de Garibaldi. Nació en la Ciudad de México el primero de septiembre de 1931 y murió el 19 de abril de 1966, solo tenía 34 años.
Padecimiento de vesícula de biliar obligó a su internamiento. Convalecía, pero por apremios de una sed incontrolable, bebió agua de limón y eso le costó la existencia.
En el DVD, “Perdóname mi vida” se escucha con, quien dijeron, era el Rey del bolero ranchero.
Y Carlos Alberto Rodríguez Arriaga contagió entusiasmos con las últimas cinco figuras.
“Vereda tropical”, creación de Lupita Palomera, quien falleciera el 16 de noviembre de 2008. Era de La Gresca, Nayarit, donde vio la primera luz el 12 de diciembre de 1913. Su tono sereno, de poco movimiento y no menos cautivante.
Fernando Fernández, a quien llamaron El Crooner mexicano, de películas con Mercedes Barba Tun Tun, escenografía de barrios perdidos y pasiones confusas, tiene su espacio con “Nosotros”.
Nacido el 9 de noviembre de 1916, expiró el 24 de noviembre de 1999. Aumentó de peso y disminuyó la galanura. Sus hermanos fueron conocidos: Jaime, dirigente de la ANDA, y Emilio el Indio, consagrado director de cine.
A Pedro Vargas le decían el Samurai. Pocos tan afortunados con el timbre de su voz. Nació el 29 de abril de 1906 y murió el 30 de octubre de 1982. Lo identificaban como el Tenor continental y era conocida su despedida: “Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido”.
Interpreta “Por dos caminos”.
María Luisa Landín y su “Amor perdido” es gustoso intermedio para terminar con Agustín Lara, el músico-poeta, el lírico, el que guardaba en su afilada cara el recuerdo de artera agresión. Lara con “Farolito”, Lara el de María Félix, Lara el de “María bonita”.
Nombre de bautizo largo… larguísimo: Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino. Hay ciertas discrepancias en su año de nacimiento, unos ubican 1897 y otros en 1900. Originario, eso sí, de Tlacotalpan, Veracruz. Falleció el 6 de noviembre de 1970.
Agregó Rodríguez Arriaga: “Lara el de toda la vida”.
Y se dio paso a la memoria con las buenas relaciones del pasado, a las tertulias de adolescentes, a aquellos inolvidables días.
Porque, por hoy, nos sirvió para dormir más acompañados de nosotros mismos; ya, pasado mañana, otra será la historia… y las que sigan, en una sin par jornada de elecciones.

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