Como era de esperarse
lo inesperado ocurrió.
O, al menos, lo menos deseado
en la zona de promesas…

Curioso juego de paradojas el que surge entre una promesa y un estado de entera anarquía, donde nada valen los compromisos. La incongruencia que irradia prometer anarquía es no obstante efectiva y plausible en una historia sobre la juventud y el amor, sobre la proposición de vender sangre ajena y la necesidad de huir en la ociosidad de separar los polos de una liga contra su elasticidad.
El director guatemalteco Julio Hernández Cordón ofrece esta experiencia a través de su quinto largometraje, coproducción México-Alemania, en el que más vale que su título cumpla lo que prometa aunque el resultado pese.
Te prometo anarquía (2015) trata problemas comunes de nuestro tiempo sobre el corazón de dos socios que sobreviven como entienden a los retos de la mancha urbana. Hay problemas de indefinición en la ciudad monstruosa, circulan como la sangre cuajada para construir una historia que nace al tono de la generación espontánea, como cuando uno no se explica quién inició la colonia de mosquitos en la fruta.
Todo está torcido, falta el orden y la estabilidad, las imágenes transcurren con el vértigo y la velocidad de tus pies sobre la patineta, desafían el tráfico por el acotamiento, entre el clima airado del segundo piso.
¿Cuál es el tema en el filme? ¿Dónde está el foco? ¿Qué género? Desde la butaca el espectador cierra el puño por la desaparición de más de 50 personas, ancianos y niños entre ellos, quienes decidieron vender su sangre por apenas una quincena de salario mínimo. Desde la misma butaca el espectador contempla a una madre cautiva en el trabajo doméstico, atestigua la amistad en coincidencia con la pasión del skateboarding, en el piso firme de la capital mexicana, y percibe la negación sistemática de una relación homosexual con la duda eternamente suspendida de si el amor tiene opciones de respirar en la separación.
El proyecto cinematográfico ignora el precepto inicio-nudo-desenlace, no es más que un Jackson Pollock que juega al expresionismo con todas las inquietudes del mundo contemporáneo que no terminó de entender. Las riega sin prejuicios pero preocupado: nos prometió anarquía y ningún cabo tendrá que quedar atado.
Así contemplaremos desconcertados que la historia creció tan alto como la hierba que nadie procura, a pesar del tiempo, el espacio y la lejanía, con los mismos temores pero con las convicciones más enraizadas.

@lejandroGALINDO
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