Casi dos meses pasaron desde que el encargado de la actual administración estatal se apersonó espontáneamente en el Congreso local para rendir un informe digerible, dando pie, como nunca antes, a cuestionamientos de los legisladores. Una de las principales fortalezas en las que se sustentó el trabajo gubernamental hacia el tercer trimestre de 2017 fue el rebase en las metas de inversión para la entidad: 13 mil millones de pesos. Cifra récord para cualquier gobierno. Todavía en la semana que termina, el secretario de Desarrollo Económico Luis Romo Cruz reveló que para el segundo año de administración tiene en puerta una cartera de 50 prospectos de inversión. La apuesta es que los proyectos se concreten en menos de un año, con el propósito de generar derrama económica y empleos durante 2018; algunas de las nuevas firmas podrían asentarse en la Ciudad del Conocimiento. Dicen que prometer no empobrece, y el astuto secretario conoce a la perfección la ruta para el desarrollo. El problema no es la falta de tierra ni la conectividad, tampoco la corrupción, que según el gobierno está combatiéndose con todas las armas del poder. Y a pesar de que el Ejecutivo estatal anunció en septiembre de 2016 que abriría ventanillas únicas para que los empresarios, grandes y pequeños, llegaran como en su casa a pedir informes, lo cierto es que establecer una fuente de inversión sigue siendo un suplicio burocrático. Pero al parecer, en la Secretaría de Desarrollo Económico no todo marcha sobre ruedas. El corresponsal Daniel Martínez informa que las 40 hectáreas donde pretende asentarse el parque industrial del Valle de Tulancingo permanecen en punto muerto. Pasaron tres meses desde que Luis Romo visitó el terreno, dijo que en breve iniciaría la construcción de vialidades de acceso; actualmente no hay una maquinaria trabajando en el sitio. Hacia el cierre de año no existe información sobre avance en la inducción de servicios básicos, tampoco adecuaciones al espacio, ni mucho menos hay visos de eventuales instalaciones de empresas. Estas tierras en desperdicio se suman a las 700 hectáreas, hoy en propiedad de Pemex, de la fallida refinería bicentenario en Tula que permanecen sin un proyecto de inversión definido. Súmele los metros desperdiciados en el complejo Ciudad del Conocimiento que tampoco termina de cuajar. De filón. Los delitos continúan y la instalación del sistema de videovigilancia en la Zona Metropolitana de Pachuca camina a paso de tortuga, o mejor dicho, al ritmo como bailan los gobiernos hidalguenses.

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