EL TLACUILO – El puma que nos visitó

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Arturo Moreno Baños

En días pasados la noticia asoló al estado, ¡un puma! Sí, claro, un felino deambulando en Actopan; era increíble el anuncio e incluso fascinante, ya que no es común que esto se dé, por lo menos no usual despertar con la noticia. Al principio se pensó en el viejo fenómeno del llamado “chupacabras”, aquel ser que sirvió de mucho para que la atención se centrara en él y no en el sexenio del expresidente Salinas, el cual iba en declive.
Pero no, esta ocasión es un hecho, incluso ahora se habla de un puma en los linderos de Pachuca, la capital del estado. Tal parece que el felino lejos de ser una amenaza a la comunidad sirvió más como un distractor, ya que la delincuencia ha hecho de las suyas de una manera rampante y letal, pues hasta ha habido atracos a mano armada; sin embargo, el gobierno argumenta que el crimen no es más que un efecto que no es originario de Hidalgo, sino de otros estados que colindan con este y por eso la ola de crimen.
Esperemos que el puma encontrado merodeando, al igual que el crimen, sean controlados por el bien de los hidalguenses y del propio gobierno que a pasos agigantados deja mucho que desear al no dar medidas de seguridad a los ciudadanos, no por lo menos convincentes, ya que con solo cámaras y drones no basta. Nuevamente esto parece un reality show y me remite a una anécdota del México que iniciaba tras la Independencia, pero no con un puma merodeando, sino con una loba.
Durante muchos años, la piel permaneció colgada de uno de los ahuehuetes del legendario bosque. La población se santiguaba cuando la veían meciéndose sobre las ramas, empujada por el viento. Algunas personas rezaban una oración por el eterno descanso de las inocentes víctimas. Otras no tan devotas aprovechaban la historia para asustar a sus hijos malcriados.
Era 1824, y el bosque de Chapultepec y su castillo padecían el más terrible abandono. Los años de guerra, el ascenso y caída del imperio de Iturbide y la adopción de la República como forma de gobierno habían trastocado la vida cotidiana de la capital novohispana.
La tarde del 29 de febrero hubo mucha agitación, gritos y lamentos en el bosque de los ahuehuetes. Como si la maldad hubiera roto sus cadenas, el verde follaje fue salpicado con el rojo de la sangre. “Intempestivamente y sin que se pueda explicar de dónde vino, se apareció una loba rabiosa y atacó a la familia del guardabosques D Ignacio González”, escribió el cronista Manuel Rivera Cambas.
El castillo estaba prácticamente abandonado, pero don Ignacio estaba encargado de la vigilancia para evitar que los léperos invadieran algún lugar del bosque. Era prácticamente un ermitaño, pero su familia vivía con él.
El día de la tragedia, el guardabosques “había salido a dar un paseo con una de sus hermanas, cuando el furioso animal, trepando la colina se arroja entre cuatro niños y dos ancianas que dieron gritos de terror ante el aspecto de la feroz loba, que se lanzó sobre el grupo hiriendo y destrozando a los que tuvo más cerca”.
Al escuchar los gritos de desesperación de sus hijos, don Ignacio corrió hasta el castillo y se encontró con una terrible escena: sangre esparcida por todos lados, los niños tirados en el piso y la loba encima de una de las ancianas que intentaba arrojarla hacia el vacío. Don Ignacio disparó su arma, pero falló. La loba, loca de furia, saltó sobre el cuello del hombre y comenzaron a revolcarse por el suelo hasta que la hermana atravesó el cuerpo de la fiera con una navaja.
Con excepción de don Ignacio y de su hermana, ninguno de los otros miembros de su familia sobrevivieron. Los pobres niños “yacían sobre el suelo empapados en sangre”. La terrible noticia conmocionó a la sociedad capitalina. Mucho se habló de la responsabilidad de las autoridades que por descuido y negligencia habían permitido que en Chapultepec habitaran fieras salvajes, poniendo en riesgo a los ciudadanos. La situación no podía ser más triste, el legendario y sagrado bosque respetado por el pueblo del Sol y por los virreyes, se había convertido en un muladar en el México independiente.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.