El lunes 19 de junio en la Ciudad de México (CDMX), para ser exactos en la iglesia de San Ignacio de Loyola, ubicada en la zona exclusiva de Polanco, fue para mí un honor recibir la invitación como representante de Hidalgo a la misa por el 150 aniversario del fusilamiento de S M I Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía. Aquellos valientes que bajo las balas de la República triunfante de Juárez veían extinguirse sus vidas frente a un pelotón de fusilamiento en Querétaro.
Dos semanas atrás se difundió en redes sociales una invitación para la misa del 150 aniversario de la muerte del emperador Maximiliano de México. Los asistentes debían vestir de manera formal. La etiqueta no era para menos. Los colores sobrios imperaron. Al menos dos mujeres se cubrieron la cabeza con sombreros, una más con velo. Una a lo lejos se refrescaba con un abanico rojo que guardó antes de iniciar la misa. Algunos hombres también portaban sombreros tipo bowler. Uno más joven llevaba condecoraciones, quizá como recordatorio de las batallas de la vida. También destacaba el abad Nectari, de la iglesia ortodoxa rusa, con sus dos acompañantes, que se mantuvieron lejos de las primeras filas, reservadas para los familiares.
La Orquesta Clásica de México, bajo la dirección del maestro Carlos Esteva Loyola, estuvo a cargo del repertorio litúrgico: Missa brevis in B flat major y Misa réquiem en D menor, ambas de Mozart. La formalidad del evento también se reflejó en el programa entregado a los asistentes, membretados con el escudo del segundo imperio.
“¿Aún tiene programas?”, preguntaban algunos, 10 minutos antes del inicio de la misa. Era imposible obtener uno más, todos agotados. Los suertudos (o puntuales) tuvieron que compartir con el vecino.
El doctor, historiador y fraile Francisco Morales ofició el servicio, a petición de la familia Habsburgo, confesó durante la homilía. La inclusión del director del Archivo Histórico de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México, era un guiño de reconciliación 150 años después.
En 1867, Maximiliano tomó el convento franciscano de la Santa Cruz de Querétaro como cuartel general. Pero también se convirtió en su prisión dos meses después, luego de rendirse ante los liberales de Benito Juárez. A más de siglo y medio, no hay rencilla que mantener.
Y Morales insistió en el perdón a los agravios humanos, las injusticias e injurias para recobrar el valor inmenso de la paz. Insistió que la misa de este lunes era de reconciliación, “que ayude al segundo emperador de México a acercarlo a los santos… víctima de la reconciliación”.
El fraile Morales recordó al menos en cinco ocasiones a Maximiliano de Habsburgo como “segundo emperador de México”. Cinco veces para resaltar su grandeza. Pero el día del fusilamiento del fallido emperador, también murieron Miguel Miramón y Tomás Mejía. El primero de ascendencia francesa, el segundo indígena. Ambos lucharon por conservar la causa napoleónica. Pero la participación de estos hombres en un capítulo importante de la historia mexicana fue reducida solo a sus nombres, Miguel y Tomás. “Recuerda a tus hijos Miguel y Tomás”, dijo el sacerdote apenas dos ocasiones. Esto no minó en la emoción de Concha Pliego, tataranieta de Miramón, quien después de concluida la misa, exaltaba a su pariente.
“Impresionante. Me quedé sin palabras. Mis lágrimas me escurrían. Sentí a mis tatarabuelos juntos, ¡juntos! Miguel y Concha, su sangre conmigo. Sentí ese momento del fusilamiento. Mis tatarabuelos fueron excepcionales, desafortunadamente no se les ha hecho justicia”. Bien sabido que fue un general valiente y decidido a luchar por su creencia al lado de Tomás Mejía.
El 19 de junio de 2017 no es una remembranza del segundo imperio mexicano y quizá no destaque en los anales de la historia nacional, pero sirvió para juntar una vez más a Maximiliano, Miramón y Mejía a través de sus herederos y a un público numeroso que se congratuló bajo los ¡vivas! y ¡hurras!, nostálgicos del segundo imperio mexicano.

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Edad: Sin – cuenta.
Estatura: Uno sesenta y pico.
Sexo: A veces, intenso pero seguro.
Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento “Juárez sin bronce” ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.