Un ejercicio necesario fue el que se llevó a cabo ayer en el auditorio Jesús Murillo Karam, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de nuestra máxima casa de estudios estatal: reflexionar sobre el tratamiento que hicieron medios de comunicación alrededor de la tragedia en Tlahuelilpan. Periodistas que cubrieron la nota en el lugar y hora en que ocurrieron los hechos contaron su experiencia y todos coincidieron en que el evento marca un antes y un después en la historia de la entidad, pero también en el ejercicio de su oficio. Presentes también editores, compartieron que al cubrir un hecho de tal magnitud lo primero es anteponer el hecho de que las víctimas son seres humanos cuyos derechos deben ser respetados. Es vital, se dijo, ponerse en el lugar de quienes sufrieron la desgracia de perder uno o varios seres queridos aquel trágico viernes 18 de enero. Es menester, fue otro punto en común, no criminalizar: los medios deben, en primera instancia, informar, poner en contexto al lector de lo que ocurrió. No erigirse en jueces desde un pedestal que no nos corresponde. Contar las historias y señalar si hubo omisión o negligencia de las autoridades de cualquier tipo. Además, juntar las piezas del rompecabezas para que el lector tenga una visión panorámica de los factores que derivaron en la tragedia más grave de la historia de Hidalgo. Un encuentro necesario, un espacio para reflexionar antes de que esa vorágine informativa nos rebase y nos haga olvidar lo que pasó en Tlahuelilpan. De filón. El gobierno del estado gastó al menos 8 millones de pesos en audio, iluminación, castillo y juegos pirotécnicos por el festejo del Grito de Independencia 2018, ello sin contar el desembolso que significó financiar el elenco artístico, según encontró este diario en cinco licitaciones públicas. El argumento, ya lo sabemos, es llevar entretenimiento a quien no puede costearlo. La pregunta: ¿es necesario tal presupuesto? ¿No hay otras opciones? No sobra discutir sobre esos temas.

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