Hace un año, cuando el país sufría un grave desabasto de gasolina por las políticas erróneas de quien hacía unas semanas había asumido el poder de la nación y que, supuestamente, para “abatir la corrupción y el huachicoleo” mandó cerrar los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y dejó de pagar la importación de gasolina, se suscitó la terrible tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó 137 fallecidos y cerca de 200 niños huérfanos, decenas de afectados por la muerte de un familiar, que en su gran mayoría eran el sostén económico.

En Tlahuelilpan se respira dolor, desolación y abandono: dolor, pues las decenas de hogares que perdieron un familiar difícilmente, como ellas mismas lo narran, podrán superar la pérdida en tales condiciones; desolación se advierte en el rostro de la mayoría de los habitantes de la región, donde más del 50 por ciento de la población vive en pobreza y abandono por todas las órdenes de gobierno, que a un año de la tragedia, de acuerdo con lo dicho por el actual presidente municipal, solamente se han invertido 3.

4 millones de pesos en el municipio; ni el gobierno del estado ni el federal realmente han atendido las peticiones para generar un polo de desarrollo que dé certidumbre a la población con empleos bien remunerados.

Y después de un año, ningún responsable; y las autoridades aún no dan respuesta a varias interrogantes que, lógicamente, hasta hoy se hace la población de Hidalgo y supongo que también muchos mexicanos. Por ejemplo, las autoridades federales no nos dicen ¿por qué no se acordonó la zona inmediatamente después de que se detectó la fuga de combustible, alrededor de las 13:30 horas del 18 de enero? ¿Por qué no llegaron los elementos del Ejército, inmediatamente, si su cuartel está en Pachuca, a poco más de una hora de Tlahuelilpan? ¿Es cierto que alguien y, en todo caso quién, dio la instrucción para que se voceara en las distintas calles del municipio invitando a la población a que acudiera al lugar donde se encontraba la fuga, pues “había gasolina gratis”? Quien invitaba, ¿tenía conciencia de que los habitantes acudirían en masa, dado el desabasto de combustible que sufrían y que tenía desesperados a muchos ciudadanos y por la imprudencia y la necesidad que en estos casos impulsan a la gente?

Asimismo, tampoco se ha esclarecido ni se insiste en ello en ningún medio de comunicación ni por funcionario alguno, pero debería explicarse: ¿por qué, cuando se detecta la fuga esta no tenía presión, era aún poco el combustible que se derramaba, pero al paso del tiempo, después de cinco horas, aquello era un verdadero géiser con varios metros de altura? Es decir, no solamente no se cerraron los ductos, sino que probablemente se abrieron; eso nos dice la lógica elemental. ¿Por qué? ¿Quién dio esa mortal orden o bien quién no actuó con responsabilidad para que los ductos se cerraran completamente y evitar así la terrible tragedia? ¿Por qué nos hemos conformado con esa respuesta un tanto evasiva y quizás carente de cientificidad del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana Alfonso Durazo, cuando algunos periodistas le cuestionaron sobre los hechos en aquella conferencia extraordinaria del 20 de enero, dos días después de los trágicos acontecimientos?

Al respecto, cito lo que publicó Noticieros Televisa: “Se le cuestionó al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana por qué si a las 14:30 horas se detectó la toma clandestina, hasta las 18:20 se suspendió el bombeo de combustible”, a lo que respondió: “Hay un protocolo que establece en qué momento debe cerrarse una válvula y es cuando baja determinado nivel de presión, a las 14:30 que llega el personal militar esas válvulas tienen una salida, una fuga mínima, es hasta que se incrementa la fuga y que llega al nivel que establecen los parámetros de seguridad que se cierran las válvulas y esto sucede a las 18:20”. ¿Tiene lógica?

¿Por qué nadie cuestiona o combate la declaración de la secretaria de Energía, la señora Rocío Nahle ante este hecho? “… A la secretaria de Energía Rocío Nahle se le preguntó por qué se atribuyó al efecto gravitatorio el que siguiera saliendo combustible de la toma clandestina cuando Tula, donde está la llave del ducto, tiene una altitud de 2 mil 20 metros sobre el nivel del mar y Tlahuelilpan 2 mil 43. Respondió que el ducto estaba lleno y con presión, y que la diferencia entre Tula y Tlahuelilpan está casi en el mismo nivel” ¿Tiene lógica decir que el aumento de combustible en la fuga se debió al efecto de la gravedad, cuando Tula está 23 metros más abajo que Tlahuelilpan?

Muchas interrogantes, muchas omisiones y ningún responsable. Y tampoco acción alguna que lleve desarrollo a la población, solo mucha demagogia y acusaciones a los habitantes; no a las causas, no a la pobreza. Y por otro lado, como han declarado las propias autoridades, el presidente mismo, en Hidalgo el huachicoleo sigue imperando, siendo la entidad que ocupa el primer lugar en tomas clandestinas; entonces, caben más preguntas: ¿los huachicoleros son los pobladores solamente? ¿Y el combate a la corrupción en las instituciones como Pemex y otras?

Comentarios