Transcurrió un año desde aquel trágico 18 de enero en Tlahuelilpan. Autoridades estatales y federales encabezaron ayer una ceremonia conmemorativa para recordar a las 137 víctimas mortales que dejó la explosión de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex). Como ocurrió en enero de 2019 cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció un vendaval de apoyos para resarcir una de las causas de la explosión, la pobreza, ayer se anticiparon otros 75 millones de pesos para Tlahuelilpan y Tlaxcoapan. En la “zona cero” la subsecretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) federal, Carina Arvizu Machado dio a conocer que el gobierno federal invertirá en programas sociales, además de que ambas demarcaciones serán adheridas al esquema de mejoramiento urbano. Por su parte, la subsecretaria de participación ciudadana y asuntos religiosos de la Secretaría de Gobernación (Segob) Diana Álvarez Maury declaró que las obras programadas deberán responder a los intereses de la localidad y no solo a los del alcalde de Tlahuelilpan Juan Pedro Cruz, quien fue calificado por el secretario de Gobierno Simón Vargas como un oportunista que intenta sacar raja política de la tragedia.

Según Vargas Aguilar, el presidente municipal es el único que no ha estado coordinado con los gobiernos federal y estatal tras los lamentables hechos de hace un año. Y es que Cruz Frías ha hecho reclamos públicos encaminados a la falta de apoyos que detonen el crecimiento sustentable de su demarcación. En respuesta, los administradores del Ejecutivo estatal han alegado que el alcalde miente, que los apoyos fluyen y que en Tlahuelilpan se respiran aires de desarrollo. Quién mejor que Juan Pedro Cruz para hablar de las necesidades de sus gobernados. Es por ello que meses después de la tragedia presentó proyectos económicos por el orden de 105 millones de pesos. Pero el delegado de programas sociales del gobierno federal Abraham Mendoza Zenteno también se subió al tren de la crítica, al afirmar que los proyectos debían ser replanteados.

Reprochó que pretenda apuntalar el turismo como palanca de desarrollo, cuando su vocación ha sido históricamente agropecuaria. ¿Y el acompañamiento institucional? Evidentemente no existe. Lo cierto es que tanto la federación y los gobiernos estatal y municipal han dado palos de ciego, al apostar por paliativos y por el discurso optimista, aunque estéril, que en nada abona a acabar con la pobreza y la marginación. Prueba de ello es que en Tlahuelilpan continúa vigente la “ordeña” de combustible como práctica de subsistencia, entretanto no lleguen oportunidades reales de desarrollo. De filón. La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) abrió su abanico cultural para la semana que empieza, sea parte de la comunidad deleitándose con cada una de las actividades programadas.

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