Eso significa en náhuatl el nombre de ese municipio (Tlahuiltepa) del estado de Hidalgo.

¡Y vaya que es tierra lejana! Y olvidada por aquellos que traen la justicia en sus manos.

Basta con saber que ninguna de sus comunidades tiene una carretera asfaltada. ¡Ni la misma cabecera municipal! Y eso lo hace único en todo el estado de Hidalgo y uno de los 57 en todo el país.

Hasta mediados de la década de 1960 del siglo pasado, Tlahuiltepa, Tepehuacan, y muchos otros municipios serranos y huastecos, vivieron los resabios de la convulsa época revolucionaria. Caudillos y caciques, solapados por un poder Estatal en manos de gobernadores pusilánimes, solo vivían para que su “política” fuera el pleito armado sin alguna causa de fondo. Los Morales contra los Austria, quienes al acudir a Pachuca, ambos bandos recibían cargamentos de fusiles y municiones para continuar con su “entretenimiento”.

Hasta que arriba al gobierno Estatal el Profesor Rural Manuel Sánchez Vite, quien, al conocer los motivos de esa tragedia implantada, trabajó con astucia para iniciar con el desmantelamiento de ese escenario grotesco y sangriento. Se alió a los mandones municipales, no para caciquear, sino para tener su anuencia y poder construir los caminos rurales, que a la larga se transformaron en el veneno para los caciques. Fue una jugada genial del gobernador Sánchez Vite.

Así fue como en menos de cinco años de gobierno, se logró llevar la comunicación a Tlahuiltepa y Tepehuacan. Y a Pacula, Pisaflores y Nicolás Flores. Actos de justicia que medio siglo después, siguen esperando a otro Manuel Sánchez Vite para que los consolide.

Tlahuiltepa sigue siendo el ejemplo de lo que no debe ser. Hoy, faltan siete kilómetros para que el pavimento toque a su primer comunidad. Vaya, ni siquiera Acapa o San Andrés Miraflores, lugares que han sido semillero de alcaldes y de un gobernador, ven cerca está posibilidad. Menos aún, hoy que el gobernador los visita una vez en todo el sexenio para anunciar solo dos kilómetros de pavimento con concreto hidráulico, que costarán solo 25 millones de pesos. Dos kilómetros que serán solo para la entrada principal de la cabecera municipal. Y a ese ritmo de trabajo e inversión, Tlahuiltepa deberá esperar varios sexenios más para ver su carretera dignificada.

Dosificar la atención a ese reclamo es lo único que puede uno pensar. Utilizar ésta violación a los derechos humanos de los Tlahuiltepenses para seguir ganando elecciones, es el crimen oculto en el actuar del gobernador que no escatima dinero para sus obras de relumbrón en la capital.

Creo que ya entramos a la etapa en que debemos exigir mayor equidad en la distribución de los recursos públicos. Y que ya tampoco es bueno que de los municipios más jodidos, el Partido Revolucionario Institucional siga obteniendo los votos que lo mantengan en el poder. En ese poder que les permite pagar a sus cuates de las constructoras 25 millones de pesos por 2 mil metros de carretera, o casi 5 millones por 200 metros, como lo hicieron en Pisaflores.

El epitafio es: Si Fayad fuese un real y leal aliado del presidente Obrador, ya se hubiese ocurrido entregar todo ese dinero público a las comunidades para que ellas, con su sabiduría construyeran carreteras artesanales, bonitas, ecológicas y baratas. ¡Como en Oaxaca!

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