Las leyes de la física o las sociológicas convergen o tienen similitudes. Nunca ha sido posible provocar que un objeto, en caída libre, retorne sin tocar fondo sólido. Y en el comportamiento humano, igual, ante una decadencia profunda lo mejor es tocar fondo para iniciar el resurgimiento, como en la fábula del ave fénix. Pues las cenizas sirven de abono para renacer brioso y pujante. No tendría ningún caso, tocar fondo y acabarse, para luego renacer débil y frágil. Ya Darwin nos explicó a cabalidad qué destino les depara a los no aptos o poco adaptados.

La triste decadencia de la sociedad Mexicana tiene su anclaje en la decadente clase política. Sí, esos hombres con poder que nos han conducido por caminos torcidos para guiarnos al epicentro del consumismo, del individualismo, el aislamiento, del materialismo sin fundamento, del poco aprecio por lo humano y hasta el desprecio de la vida misma.

En las últimas décadas, bajo un cuidadoso plan, nos acostumbraron a ver la violencia criminal como algo que siempre ha estado ahí. Hemos sido testigos obligados de masacres en todo el territorio nacional, fosas clandestinas en cada estado, de niños quemados en guarderías, “pozoleros” que ya pocos recuerdan, estudiantes y muchos desaparecidos bajo la premisa murillista de “al no haber cuerpo del delito, no hay delito”; mujeres asesinadas por igual en Ciudad Juárez, como en el Estado de Mexico; fugas “espectaculares” de jefes del narcotráfico, quienes, previamente fueron magnificados con notas periodísticas, películas, series y corridos para transformarlos en un gran negocio para los malos gobernantes, y ejemplos a seguir para una juventud desorientada en su formación, pues en las aulas, públicas o privadas, solo los les daban como “educación” entretenimiento que pagaban, o con dinero o con parte de su existencia.

Nos desconectaron los sentimientos al provocar con sus instituciones un alto porcentaje en la desintegración familiar, o por emigración o los delitos. Nos hicieron perder la capacidad de asombro con tanto bombardeo en los medios, por cierto, también muy infiltrados por los malos deseos de lucro desmedido y también, muertos “en vivo”, colgados en puentes o desmembrados y esparcidos en puntos de impacto emocional. Fraudes de todo tipo, en especial entre los más necesitados. Prostitución de toda índole, saqueo desmedido de aquellos que fueron nuestros “administradores” y lo peor, ¡a ojos vistos!
Creció, como es lógico, la pobreza, el desorden beneficioso para dos o tres, también creció la desesperanza y muchos sentimos al borde de la ruina a nuestro país. Y justo donde moría la esperanza surge la decisión de quitar a los visibles causantes de toda la catástrofe.

Votamos con alegría hace un año, 33 millones esperanzados hemos mantenido, después de un año, esa esperanza. Obligadamente somos ya una sociedad más crítica e informada. No con facilidad nos tragamos ya cuentos neoliberales. A ras de suelo, seguimos esperanzados. Unos para que se haga realidad la revocación de mandato, otros para que a Murillo y a los Osorio se les aplique la extinción de dominio, muchos más por querer ver en la cárcel a la jauría depredadora desde Salinas hasta Peña. Otros más porque su hospital, su escuela, su camino o el agua potable funcione con normalidad. Y algunos aún más exigentes quieren justicia y democracia plena. Sin saber que eso sigue siendo la parte inconclusa en la lucha por el integral renacimiento de México.

¿Quién les llevará la democracia que tanto anhelan los hidalguenses? Pues debemos construirla día a día entre casi todos. Lo mismo en Tepehuacán y en todos los municipios de México.

Dejemos que el presidente Obrador contenga a las hienas peligrosas que lo emboscan a cada paso. Como en Culiacán. Nosotros hagamos la parte histórica que nos compete. ¡Seamos Mexicanos de estos tiempos! Ese es el renacer de este México.

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