LUPE VICENTE
Pachuca

En la sociedad que nos tocó vivir nos tocamos poco, hay más prisas que caricias. Para regalar una caricia, necesitamos sentir que no nos importa el tiempo, y eso, sucede cada vez menos.
¿Tocas a tu pareja?, ¿tocas a tus amigos, hijos?, empieza ahora… ¿A quién tienes cerca?…
Para sentirnos queridos no hay nada mejor que una caricia, supera a las palabras. La piel es el órgano del cuerpo humano más extenso que tenemos, y también el que nos produce más placer, 5 millones de terminaciones nerviosas están preparadas en tu piel para recibir.
Acariciar es un deseo que anda solo, sentimos que nuestras manos viajan sin obligarlas, sin razonamientos ni palabras, un baño de sentimientos a flor de piel.
El poder tocar a otra persona satisface la necesidad de huir de la soledad. La pareja gana en confianza y en intimidad cuando tiene por costumbre rozarse.
¡No siempre con la mano! Muchos contactos con la piel no necesitan necesariamente que sean de la misma manera. El beso, por ejemplo, puede llevar una carga erótica o de intimidad manifiesta. Rozar el cuerpo con el cabello suelto, con los pies, con la nariz.
Cuando acariciamos a nuestra pareja no le estamos diciendo necesariamente que queremos hacer el amor, sencillamente necesitamos sentirle cerca, de otro modo. Es positivo practicar ese tipo de comunicación entre ambos.
Tocarse antes, durante y después del acto sexual realza la experiencia orgásmica. Muchas personas, sobre todo las mujeres, perciben que cuando reciben un masaje sensual por parte de su pareja toman más conciencia de su cuerpo, elevando la calidad de la experiencia amorosa.
Sin embargo, es un error muy común pensar que lo que nos gusta a nosotros mismos le pueda gustar a nuestra pareja. La zona genital de ambos sexos es muy sensible al tacto, y esa sensibilidad incrementa con la excitación sexual. Un mismo roce puede resultar poco excitante y hasta molesto si no nos encontramos suficientemente excitados, o puede ser maravilloso a medida que crece nuestro enardecimiento erótico. Tenemos que estar atentos a esos matices y escuchar el cuerpo de nuestra pareja.
A menudo, los hombres tienden a estimular el clítoris con demasiado ímpetu, y a la mujer le da miedo estimular el pene con mucho vigor u oprimir el escroto con demasiada brusquedad, por no hacerle daño, sin embargo a ellos les suele gustar cierta energía en esos momentos.
En general existen muchos prejuicios acerca de lo que puede excitar a los hombres y viceversa. Por ello la comunicación en ese terreno es de vital importancia. No temamos preguntar; ¿cómo te gustaría que te acaricie?
Preparar un ambiente adecuado realza las caricias. Las velas, la música suave, la penumbra van a crear unos momentos de concentración en nuestra pareja, ya que muchas personas se quejan que no pueden “desconectar” sus pensamientos acerca de las tareas de mañana, el trabajo, las preocupaciones. Sumergirse en el mundo del masaje sensual ayuda a hacer un “off” a pensamientos intrusivos que no nos dejan disfrutar del todo, ya que si la mente no está aquí, tu cuerpo tampoco.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorEl pozole
Artículo siguienteLa danza nos salva