Los fantasmas de la catástrofe de la Copa América Centenario aún rondan allá donde el combinado nacional se plante. La goleada monumental propinada por Chile a los nuestros será difícilmente olvidada por los mexicanos, quienes tuvieron el primer partido del Tri en el estadio Azteca desde la Noche Triste. Abucheos, silbidos, abandono parcial del inmueble y varios cánticos alusivos al precario espectáculo denotaron que las personas no están nada contentas con el funcionar de su equipo. Y, como siempre, debe haber un responsable.

El hartazgo de futbolistas, directivos, comentaristas y aficionados hacia Juan Carlos Osorio es cada vez más insostenible. Cuadro titular inexistente, constantes experimentos fallidos en las posiciones de los jugadores, resultados que reflejan muy poco la realidad del equipo y respuestas poco convincentes a la prensa; esa ha sido la historia del colombiano al frente del Tricolor. Ahora que se ha definido el camino que México deberá seguir si quiere calificar al Mundial de Rusia 2018, los cabellos de muchos se erizan al recordar el desafortunado proceso de José Manuel de la Torre hace unos aĖos.

Y claro, como en nuestro país los medios tienen una presencia asfixiante en el actuar de las instituciones futbolísticas, han comenzado a circular los posibles candidatos para relevar a Osorio. Personajes como Marcelo Bielsa, Antonio Mohamed, Guillermo Vázquez e incluso Miguel Herrera han sido seĖalados como potenciales sustitutos del polémico timonel nacido en Santa Rosa. Pero, a todo esto, ņacaso es la solución?

Es evidente el desencanto de algunos elementos con las rotaciones y el planteamiento táctico de Osorio. Resulta inverosímil que hombres como Guardado, Herrera y Reyes tengan participaciones excepcionales en sus clubes y se conviertan en caricaturas de sí mismos al calzarse la verde. Así como ha habido negativas implícitas de otros futbolistas por incorporarse al cuadro del colombiano, las protestas internas se vuelven más graves con el pasar de los compromisos. De igual manera, ver a Rafa Márquez darle instrucciones al entrenador, más allá de enaltecer la jerarquía del Káiser, habla de la falta de autoridad por parte del que, se supone, debe dar las órdenes.

El futuro de Osorio es claro: no llegará a Rusia y es cuestión de tiempo para que los hombres de pantalón largo encuentren un pretexto ideal para echarlo. No obstante, me mantengo firme en creer que no sería al único al que habría que darle un ultimátum.

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