El 5 de septiembre de 2016, el gobernador Omar Fayad Meneses juró cumplir y hacer cumplir la Constitución Política del estado libre y soberano de Hidalgo y afirmó “y si no lo hiciere que el pueblo me lo demande”; a lo largo de estos 23 meses de gobierno, al frente del Ejecutivo, no ha sido fiel a este juramento, pues lo que hoy existe en nuestra entidad es una permanente violación de los preceptos constitucionales por la falta de transparencia en el manejo de recursos públicos, por las violaciones a las garantías individuales, a los derechos humanos, por reprimir el derecho de manifestación pacífica, por la persecución política y la criminalización de la protesta social, por la muerte de jóvenes en Ixmiquilpan por parte de la Policía estatal durante las protestas por el gasolinazo, por asediar permanentemente a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), por su operación fallida de fraude en la reciente elección con recursos de dudosa procedencia y por la guerra sucia para impedir el triunfo del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

De igual modo, ha abusado de un inmenso control político para someter a los poderes Legislativo y Judicial, así como a los órganos autónomos, ejerciendo un férreo dominio a través de dádivas económicas y políticas o de intimidación, chantaje, presión y amenazas para quien no se subordine, por lo cual estamos muy lejos de un Estado democrático, de Derecho e incluyente, que permita un desarrollo en paz y el bienestar para todos los hidalguenses, como marca nuestra Constitución. Todo lo contrario, ha seguido el manejo perverso y caciquil del control de las instituciones, como lo ha hecho el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y los anteriores mandatarios en casi 90 años de gobierno.

Pero los resultados del pasado primero de julio, donde Morena –encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO)– logró ganar aplastantemente la presidencia de la República; en Hidalgo las dos senadurías, las siete diputaciones federales y 17 diputaciones locales, cambiándole el panorama y su falso triunfalismo, pues esa misma noche del primero de julio parece que lo ha afectado, ya que no ha entendido el mandato ciudadano de cambio y transformación que decidió con su voto libre; el Ejecutivo estatal días después dijo que respetaba los resultados y que eran tiempos de reconciliación, frases huecas que solo demuestran su intolerancia y falta de respeto a la institucionalidad y a la Constitución.

El 31 de julio, con la agresión de las fuerzas policiales del estado en contra de los ciudadanos que se manifestaban pacíficamente afuera del Congreso, con el respaldo de los diputados en funciones y entrantes de Morena, demostró su desprecio y autoritarismo, mintiendo que los diputados fueron los que agredieron, cayéndosele la careta de su falsa adhesión a los preceptos de no mentir, no robar y no traicionar, que enarbola López Obrador, pues nos demostró todo lo contrario; también miente al decir que no promovió las reformas en el Congreso, que fueron legisladores de diversos partidos, eso nadie se lo cree, pues su perversidad lo delata ya que todo esto se decide y ordena desde la oficina del cuarto piso de palacio de gobierno; mintió cuando dijo que él no promovió la pretensión de violar la autonomía universitaria al mandar a un diputado servil a proponer un órgano de control interno para él intentar meter manos en la universidad del estado.

El no robar es insostenible para su gobierno, ya que está a la vista de todos el manejo discrecional de los recursos públicos, en cuanto a la opacidad en el manejo de las obras públicas, la asignación de contratos a sus cuates, la deuda pública creciente y opaca, los grandes negocios que hacen al amparo del poder, que son parte del ADN de los gobiernos priistas. Por eso están apanicados, pues un Congreso de mayoría democrática –como lo será con Morena– pondrá orden, haciendo efectivo el equilibrio de poderes y respetará el Estado de Derecho, por eso les preocupa no tener el control de este, pero sobre todo el que no manejarán a su antojo a la Auditoría Superior del Estado.

Traiciona a todo el pueblo hidalguense al no respetar la voluntad popular, al controlar a la mayoría de los medios de comunicación; manipulando a las instituciones a su conveniencia al pretender neutralizar y controlar al Poder Legislativo –que pronto entrará en funciones–, con sus absurdas reformas y nombramientos “a modo” como los del procurador, de los fiscales y magistrados, para protegerse él y a los que le precedieron. Pero lo más grave es que traiciona la Carta Magna que juró respetar y hacer respetar. Sus equivocadas decisiones lo único que están logrando es que los ojos del país volteen a ver al estado de Hidalgo, que está padeciendo esta pretensión caciquil de confrontar al Poder Legislativo legítimamente electo, que tiene todas las facultades para construir una pacífica entrega del Congreso y establecer un camino institucional para la relación con el Ejecutivo estatal y así iniciar una relación respetuosa, misma que en este momento está vulnerada por su intolerancia.

En Morena Hidalgo somos uno solo y estamos con el proyecto alternativo de nación de López Obrador, mismo que habremos de honrar y defender; decirles a los ciudadanos descerebrados y porros a los diputados es inaceptable, por eso hoy en Pachuca marcharemos con el pueblo, las organizaciones sociales, campesinas y la comunidad universitaria para rechazar la represión y la defensa del triunfo legítimo, para recuperar las instituciones, la legalidad y la paz social.

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