En mayo arrancó la campaña “Todos somos pacientes” a cargo de las instituciones de salud existentes en Hidalgo, según el propósito anunciado es el reconocimiento de la condición humana de los trabajadores del sector salud y del resto de los sectores públicos; la campaña supone un esfuerzo para dar un trato sensible y respetuoso a todos quienes por razones diversas acudimos a las instituciones de salud.
Tal campaña nos invita a revisar ambas partes, tanto de los prestadores del servicio como de los y las usuarias. Quienes hacemos uso del servicio público de salud es fácil rememorar experiencias poco gratas sobre la calidad y cantidad, porque desde el ingreso al edificio, la recepción general y la atención en el consultorio, y el servicio de farmacia, pueden abonar experiencias variopintas. Cuando se habla de “ponerse en los zapatos de los demás” en los servicios de salud, involucra a todos quienes laboran en ese espacio, solo que los más visibles son enfermeras y enfermeros, médicas y médicos, pero dónde quedan los responsables de vigilancia, el personal de recepción, el departamento de trabajo social, el personal de farmacia, los y las responsables de limpieza y mantenimiento, entre otros.
Aunque a razón de la verdad, trabajar y mantener buena actitud y trato humano en el sector salud es tarea titánica porque el número de usuarios y usuarias se incrementó pero no así el personal y el abastecimiento. La situación se nota, por ejemplo, al entrar a los sanitarios públicos de los edificios de salud, la higiene deficiente puede deberse a la insuficiencia de personal, a la deficiencia de insumos para limpieza o la falta de supervisión, o quizá todo junto; luego al ingresar al consultorio, ¿cómo pedir un trato humano? Cuando se tienen los minutos contados para la realización de la consulta, situación que se agrava al requerir de estudios de laboratorio y rayos X, pues los aparatos están descompuestos o no tienen insumos para la realización de los análisis, entonces se apela a los recursos y necesidad del paciente para abastecer lo que no existe en la unidad médica.
Para el caso que nos ocupa, pueden tenerse edificios magníficos y relucientes para las fotos de los informes, pero ello no significa que se tenga personal suficiente y calificado para la atención a la salud, tampoco significan instalaciones y aparatos en funcionamiento, de hecho me resulta desconcertante que los edificios administrativos del sector salud sean tan o más grandes que los propios espacios clínicos, especialmente cuando la tecnología y medios de comunicación suponen sistemas informáticos más eficientes que permiten concentrar el uso de los recursos en el objetivo central de las instituciones y empresas, para el caso, la prevención y atención a la salud.
La campaña “Todos somos pacientes” enuncia una verdad a medias porque todos y todas podemos enfermar, pero los recursos para enfrentar la enfermedad son distintos, no me refiero a la diferencia entre el servicio público y privado, porque en el segundo, el dinero hace la diferencia y en el servicio público la diferencia se establece cuando se tiene parentesco, amistad o compromiso con alguien porque aun en la escasez, los pocos recursos se ponen a disposición de alguien, esa práctica se llama influyentismo.
Quizá cuando el personal de salud sea suficiente y calificado en relación a la cantidad de población que existe, cuando el abastecimiento de espacios, enseres, insumos y medicamentos sea suficiente, entonces el ánimo y actitud del personal mejore y la actitud de los usuarios ya no sea a la defensiva. En ese mundo, campañas como “Todos somos pacientes” serán innecesarias.

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