Durante la celebración del primer partido de la selección mexicana en el año en curso, se suscitó un acontecimiento que llamó la atención del público. Antes del silbatazo inicial, los capitanes de la escuadra nacional, así como del rival Islandia, tomaron el micrófono para dar un mensaje de tolerancia y respeto en cuanto a la diversidad sexual –con guiño a cierto presidente naranja–.
El discurso se dio en alusión a las reiteradas llamadas de atención que la Femexfut ha recibido debido al grito presuntamente homofóbico que la afición mexicana exclama cuando el portero rival despeja. Y así, volvemos a un debate sin fin.
¿Realmente se trata de una exclamación ofensiva? En la génesis de ese famoso aullido de guerra, sí. Recordemos que, según se cuenta, fue la barra animadora del Atlas la que engendró esa mala costumbre luego de un enfrentamiento entre los Zorros y los Pumas, esto tras la especulación sobre la orientación sexual del guardameta universitario, Alejandro Palacios.
Desde ahí, se convirtió en un rugido infaltable en –literalmente– todo evento deportivo en donde los mexicanos se planten. Como muestra, la primera competencia internacional en la que se buscó sancionar al Tri: el Mundial de Brasil.
La federación ha tomado cartas en el asunto en la medida de sus posibilidades. Comenzaron con la campaña “Abrazados por el futbol”, invitándonos a la inclusión y a celebrar la diversidad de cualquier índole. Después, Ochoa, Corona y Talavera salieron a regañarnos cuales padres luego de que rompiste la mitad de la vajilla jugando en la casa bajo el lema “ya párale”.
Es decir, se ha tratado por las buenas y por las malas. Sin embargo, y volvemos al principio, los que son partidarios de ese grito aseguran que no se trata de un acto de discriminación, sino de un ritual de mero relajo. Ajá.
Entre que son peras y son manzanas, las sanciones económicas han sido cada vez más fuertes, y no será hasta que el representativo nacional se vea directamente afectado que nos entrará en la cabeza la gravedad del asunto. Si bien muchas veces se busca desconcentrar al cancerbero y no insultarlo directamente, existen formas distintas y menos agresivas de llevarlo a cabo.
Lo que nunca debemos perder de vista es que el futbol es una fiesta: el pretexto que nos ha unido por el simple gusto de ver rodar el balón. Que su esencia no se pierda.

FUTBOL DE MESA

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