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Tollan a 65 años de Jorge R Acosta (Segunda y última parte)

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Hoy concluye la edición 31 de la Feria Universitaria del Libro (FUL), en el poliforum Carlos Martínez Balmori de la Ciudad del Conocimiento, en Mineral de la Reforma. Celebramos la asistencia que tuvo este evento cultural organizado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); sin duda, la fiesta de las letras vivió momentos interesantes para autores y lectores. ¡Enhorabuena!

El pasado domingo, en esta columna, presentamos el libro Tollan a 65 años de Jorge R Acosta de la autoría del investigador arqueólogo Osvaldo José Sterpone, en una coedición entre la Autónoma de Hidalgo y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La obra invita a introducirse en la cultura de la gran Tollan y el esplendor tolteca. Como recordará, estimado lector, nos remitimos a 75 años del trabajo de investigadores encabezados por Jorge Rufino Acosta. En esta entrega dominical concluiremos el análisis abordando los temas de los orígenes de Tollan, su crecimiento urbano, los últimos días de esta cultura y el reencuentro con la historia tolteca.

La fundación, según relata Acosta, se remite a algunas construcciones que perduran gracias a que fueron enterradas como parte de los cimientos durante el proceso de renovación de la gran plataforma del Grupo Norte; refiere el autor que son conocidos por la restauración que emprendió junto con el arqueólogo Carlos Hernández Reyes. Esos vestigios son secciones sobrevivientes en las grandes paredes del talud y de la cornisa de la plataforma, que posteriormente fue modificada.

En el más antiguo talud se aprecia al frente de la escalera otra plataforma más antigua, cuyo acabado se realizó con lápidas de cantera rosa, otro vestigio que se localiza en el edificio B en la plataforma del palacio de Quetzalcóatl. Son de notarse lápidas de cantera rosa sin decoración, que se utilizó como parte de los acabados. Observando detenidamente se nota una serie de quiebres a modo de grecas que lograron que sobresaliera de los edificios.

Gracias a las investigaciones de Jorge R Acosta, realizadas entre 1940 y 1944, hoy contamos con información de uno de los edificios más importantes erigidos sobre la plataforma durante la etapa de urbanismo de Tollan. Fue reedificada por los toltecas hacia el año 975 después de Cristo, ya que esa plataforma estaba en ruinas, pero esa no fue la única modificación, pues investigaciones que llevaron a cabo en la última década del siglo pasado revelaron trasformaciones realizadas por los toltecas, de lo que se concluye que a partir del primer milenio de nuestra era, según estudios de estratigrafía arquitectónica, se empieza a profundizar sobre el origen de Tollan.

También existen datos arqueológicos que evidencian obras de remozamiento y ampliación de las plataformas, por lo menos en dos ocasiones desde la fundación. El investigador deja entrever que el recinto central de Tollan fue abandonado por los gobernantes, como se demuestra en los cimientos del Palacio Quemado, donde se han hallado graves deterioros. Igualmente se observan deterioros por remodelaciones como derrumbe de cornisas y desprendimiento de aplanados y por la acción de los fenómenos naturales que actuaron durante muchos años sobre los edificios enterrados.

Llama la atención de los investigadores las ruinas de algunas viviendas en la explanada, las cuales fueron destruidas y junto con las pertenencias de sus ocupantes fueron acumuladas en escombros.

Durante el año 2000 se llevaron a cabo labores de exploración arqueológica en la pirámide Palacio Negro, en donde descubrieron facetas arquitectónicas que tienen una coincidencia con otros palacios. Las obras de alfarería localizadas en el lugar mantienen decoraciones policromadas, adornadas con figuras, en las que utilizaron los colores azul, rojo, anaranjado, amarillo y negro.

En el apartado “Crecimiento urbano e inmigración en Tollan”, Jorge R Acosta indicó que en 1942, al remover una sección de la plazoleta norte, se descubrió un largo muro de 118 metros sin exhibir quiebres en la plataforma, característico en el momento de la fundación de Tollan.

Llamó la atención el descubrimiento de una fosa o tumba rectangular que hasta el momento del cierre de la investigación es la única que se ha encontrado en Tollan, donde un individuo fue inhumado en forma dorsal recostado sobre su espalda.

Interesante es el planteamiento que hacen los investigadores sobre la ruptura de la cúpula gobernante, lo cual tuvo como consecuencia la desorganización de las actividades que daban vida al entorno del poder, sin embargo, no se sabe mucho de los hechos que pudieron llevar al cese de actividades en el reino de Tollan.

Tollan a 65 años de Jorge R Acosta incluye el apartado “Los últimos días de Tollan” y expresa que la historia que comienza a principios del primer milenio en ese asentamiento cultural sufrió transformaciones con una tendencia a generar espacios protegidos, y al ocuparlo nuevamente los gobernantes se dieron a la tarea de remozar y reconstruir aquellas ruinas sin que se generaran cambios importantes en el trazo de la Gran Plaza original.

Los preparativos de un nuevo proyecto arquitectónico incluyeron la consolidación de cimentaciones existentes y el derrumbe de varios edificios, según datos históricos de los investigadores que indican que el primer palacio fue demolido hasta sus cimientos; después, vendrían los alarifes toltecas para dar otra fisionomía a la arquitectura; algunos edificios no sufrieron cambios. Es importante resaltar uno de los inmuebles denominado Palacio Quemado, que fue utilizado como mausoleo y estuvo dedicado al culto funerario.

Don Jorge R Acosta en su relato del palacio de Quetzalcóatl comentó que no pudo ser conservado en su totalidad por diversas afectaciones, sin embargo, se restauraron frisos de los felinos, aves, cánidos y pájaro-jaguar-serpientes.

El libro concluye con una reflexión en la que se expresa que la visión que tenemos de Tollan y los toltecas ha cambiado desde el momento en que se hicieron los primeros descubrimientos de los vestigios arqueológicos del asentamiento del Cerro del Tesoro, a orillas del río Tula, y en la medida que aparezcan nuevas investigaciones irá descubriéndose el mito de esa cultura milenaria. Jorge R Acosta concluye: “Dejaremos que la historia siga su curso”.

Leer y saber leer es lo único que nos puede llevar a ser mejores como individuos y como sociedad. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: editor@uaeh.edu.mx.

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