En el nauseabundo anaquel de los grupos que han saqueado y traicionado a la nación se inscriben cinco claques que, nadie puede dudar, han socavado los principios y esperanzas del pueblo a través de los siglos: los polkos, los científicos porfiristas, los alemanistas, los salinistas y sus presidentes-secuela del PAN, y –last, but not least– los ignorantes toluquitas y pachucos del presente.
Todos han llenado su época de infamia y de vergüenza. A todos los ha guiado el infame argumento de abogar por la conducción positiva del gobierno, por el desarrollo tecnológico y estructural del país. Ninguno lo ha logrado, pero se han hecho fabulosamente ricos a la sombra de este dislate. Junto a ilustrados saqueadores del pasado, aparecen hoy personitas deleznables de pacotilla, balbuceando los mismos sonsonetes.
Las constantes inalterables que los han agrupado son el conservadurismo, el entreguismo, la oligarquía y la corrupción sin freno. Su identificación, rayana en mentes colonizadas, con lo peor del sector financiero local e internacional, es históricamente un sinónimo absoluto de corrupción, molicie e inconsciencia.

El toluquita es un grupo genéticamente
indolente y depredador

Pese a todo, los polkos, aliados de Santa Anna, colaboracionistas lacayos de la intervención armada estadunidense, han sido los únicos que públicamente se han quitado las máscaras de la hipocresía para cercenar el país, a cielo abierto. Así, con mucho, los toluquitas y pachucos son los más ignorantes del elenco bufo, sin duda, los más peligrosos, los que han batido todos los récords de sumisión y voracidad.
Destrozan sin argumento. Entregan sin condiciones. Arrasan sin medir los rebotes. El toluquita es un grupo genéticamente indolente y depredador, confeccionado a mano por los intereses locales y foráneos que no han parado en mientes para recetarnos lo peor de la claque, la especie reptiliana, decidida a hundirnos en el punto del no retorno.
Porque estará usted de acuerdo, junto a los Limantour, Bulnes, Vera Estañol, Rabasa, Casasús, Macedo, Creel, Olegario Molina y Corral, los infames toluquitas son solo un parche mal puesto en el lienzo de la historia de la infamia nacional. Anodinos, disléxicos, deprimidos, voraces y culiempinados ante el exterior.

Para los rebeldes, los científicos
usaban sus campos de exterminio

Si tanto polkos como científicos del porfiriato fueron quienes pusieron el primer ejemplo de vasallaje, al menos lo hicieron defendiendo un modelo anexionista para un país descabezado por las luchas fratricidas. Y, por qué no decirlo, para establecer una visión propia sobre lo que debía ser el futuro, anclado a los intereses internacionales.
Su corriente, la centralista oligopólica, constituía la visión más certera para facilitar la adecuación a un modelo foráneo hecho a la medida de los explotadores de la época. El capital llegó a nuestras tierras, con canonjías y privilegios sin límites, alentado por gobiernos de octogenarios y reaccionarios, alejados de su función de representación colectiva.
El mercantilismo colonialista vino a construir, a su medida, ferrocarriles, absorber petróleo, vaciar las entrañas de las minas, instalar puertos, medios de comunicación, servicios públicos para la clase media emergente… y a ensamblar las estructuras comerciales, financieras y agroexportadoras que permitieran el perfecto enclave en la división del trabajo. Una visión muy especial.
Los científicos le llamaban “intensificar la especialización productiva”, núcleo duro del modelo del centralismo político conservador que tendía a fortalecer, al costo de cualquier libertad o derecho colectivo, poderosos nexos de subordinación y coloniaje en zona hegemónica imperial. Para los rebeldes, solo existían Valle Nacional y San Juan de Ulúa, sus campos de exterminio.

Todo, absolutamente todo,
para los represores mandamases

Se trataba de justificar las medidas que acentuaran un perverso juego de mecanismos aparentemente competitivos y de acumulación privada en pocas manos, que deberían conducir ciegamente al progreso total y al orden civil, porque así lo exigía una visión desvelada del capitalismo industrial. Hicieron escuela.
Todo, a partir de la explotación brutal de las actividades agropecuarias, lo concentraba el centralismo decimonónico en beneficio del industrialismo urbano. Trasladaban los excedentes necesarios para la riqueza de las clases empresariales y financieras. Ese fue el guion de los indeseables. Todo, absolutamente todo, para los represores mandamases. Para los demás, garrote o bala.
Manuel Calero llegó a decir en 1903 que esa manera de interpretar el liberalismo juarista “se ha transformado entre nosotros en una religión sin culto y sin templo”. Un modelo político, económico y social que estaba vinculado intrínsecamente a la vida misma del dictador y su declinante biografía.

Miguel Alemán: una copia chusca,
en nombre de la industrialización

Alentaron la desintegración del país y la generalización de la miseria, defendiendo a capa y espada el hacinamiento de la mano de obra en las macrocefalias urbanas. Argumentando que las actividades en los centros urbanos tenían una “superioridad natural” sobre las que se desarrollaban en el campo.
Medio siglo después, el cacareado “carisma” del Dientón de Sayula, Miguel Alemán Valdés, no se apartó un ápice del libreto: concentración del excedente económico, mano de obra mal pagada, destrucción del campo, estímulo a la exportación indiscriminada y apoyo para el crecimiento, siempre y cuando fuera desigual y desequilibrado. Una copia chusca, en nombre de la modernización industrial, para beneficio del Imperio.

El salinismo entregó las mejores concesiones a sus favoritos

‎El salinismo y sus presidentitos-secuela del PAN terminaron de refinar el juguetito, partiendo de las mismas bases: seguir a pié juntillas desmantelando el Estado, respetando ad nauseam las reglas macroeconómicas de Washington y Nueva York, desbaratando la planta productiva nacional y rindiendo pleitesía al borrego de oro, dibujando el entorno de país débil, presa fácil de las ambiciones imperiales.
Prometieron la abundancia, el paso al primer mundo, desorganizaron a las masas trabajadoras e involucraron a sus líderes en los negocios fáciles y jugosos del poder, para que nadie chistara a la mera hora de la entrega de cuentas. Implantaron para siempre el hambre y la miseria. ¡Y todavía quisieron ponerle candados, entregando las mejores concesiones a sus socios y favoritos!

Parece ser que los traidores nunca tendrán su merecido real

A su paso por el gobierno, tanto porfiristas como alemanistas y salinistas cancelaron toda posibilidad de crítica, comprando con el dinero del pueblo a una caterva de intelecuales orgánicos, a precio de oro.‎ Hoy se sigue premiando públicamente a los culpables del destrozo, tanto en moneda de cuño corriente como en concesiones y homenajes laudatorios.
‎Nuestra historia es demasiado cíclica. Parece ser que los traidores nunca tendrán su merecido real. Empero, con los toluquitas y próceres hidalguenses, dio un salto cuántico. Aunque todos lo previeron, nadie dimensionó el tamaño de la catástrofe, menos se opuso a la llegada al poder del macabro clan del Estado de México.
Han hecho todo como sus antepasados descastados. Pero lo mejoraron en sevicia y estulticia. Sin brújula y sin puerto, que no fuera el robar, su ratero más avorazado, el cruel Videgaray se colgó del primer gancho y vendió las reformas estructurales, un adefesio de la falta de programa de gobierno, para prometer jauja.
En el terreno práctico, sometió al aparato a parar toda actividad, “mientras las reformas fraguaran”. Nunca sucedió este supuesto condicional. Pero se dio vuelo secando la economía, atentando fiscalmente contra los productores, sustrayendo billones de pesos de efectivo y robando lingotes de oro para guardarlos en paraísos fiscales, en espera de su destape, para aquello de los gastos, usted sabe.
La codicia y la ambición desenfrenada de la dupla Videgaray-Peña Nieto, todavía en ejercicio demencial, ha rebasado los límites de corrupción de todos los grupos de poder que hemos padecido los mexicanos. Lo peor: ha dejado al país sin futuro, algo que no se perdona en ninguna latitud conocida del planeta.

Y los toluquitas quieren que la realidad se ajuste a sus caprichos

Con todo el país en contra, con niveles de aprobación de menos de un dígito, los toluquitas actúan a mansalva, roban en despoblado, asesinan, torturan, exterminan y reprimen como si trajeran un cheque en blanco. Y los paniaguados de siempre creen que cancelan‎ toda posibilidad de crítica, porque tienen los medios formales a su servicio, pagados con dinero público.
¡Qué equivocado concepto de la realidad, que quieren se ajuste a sus caprichos!
¿No cree usted?

Índice Flamígero: Una prueba más de que el toluquismo inoperante y rapaz quiere que la realidad se ajuste a sus deseos y caprichos está contenida en el mensaje de Nochebuena que Enrique Peña Nieto difundió la noche del sábado: “Hoy tenemos un México fuerte y unido. Mantengamos el compromiso con las futuras generaciones y con los que hoy ya no están con nosotros. Creamos en nuestro país, hablemos bien de él.” Y sí, nunca he sabido que alguien hable mal de México, de quien en cambió invariablemente se habla mal es de sus administradores –que no gobernantes–, quienes no dan motivo alguno para elogiarlos o alabarlos, como este individuo quisiera. Peor ahora, ¿a poco no? + + + Hace una semana y bajo el título Golpe a Tradeco, “la Higa de Felipe Calderón”, le comenté parte de las pillerías que, bajo el amparo de los panistas, perpetró la empresa del exsenador (blanquiazul, but of course) Federico Martínez Urmeneta. Hoy le tengo información adicional enviada por un lector del “Índice Político”: “En la administración del Ex-Gobernador Gabino Cué Monteagudo, se inició el proyecto ‘Presa Paso Ancho’, con mucho bombo y platillo, el exgobernador instruyó al entonces Director General de la Comisión Estatal del Agua, Ing. Julián Rubén Ríos Ángeles, para que de inmediato se realizarán los trabajos de la Presa Paso Ancho, proyecto anunciado como uno de sus principales ejes rectores para su Plan Estatal de Desarrollo 2010-2016. El Director General de la Comisión Estatal del Agua, obtuvo de inicio fuertes recursos financieros (mil millones de pesos). con dichos recursos simuló la compra de los terrenos ejidales donde supuestamente se construiría la Presa Paso Ancho, para convencer a las autoridades ejidales y pobladores de los Coatlanes, así como de la Agencia Municipal de Paso Ancho, Sola de Vega, Oaxaca. Este nefasto ex-funcionario público les ofreció dinero y obras a cambio de sus terrenos. Las obras de infraestructura como agua potable y alcantarillado, y recursos económicos ofrecidas nunca llegaron a las comunidades, por el contrario tanto la Secretaría de las Infraestructuras (Sinfra), a cargo de Netzahualcóyotl Salvatierra y la Comisión Estatal del Agua (CEA), a cargo de Julián Ríos Ángeles, encargados de ejecutar las obras, simularon procesos licitatorios adjudicando directamente la obra de la Presa Paso Ancho a la empresa constructora Grupo Tradeco SA de CV y cometieron grandes desvíos de recursos financieros para entregarlos a la empresa constructora referida, pero también estos servidores públicos se han quedado con un considerable porcentaje (moche$), por haberse prestado a estas maniobra de corrupción, contratando empresas a modo que jamás cumplieron con las obras encomendadas. La Presa Paso Ancho, obra que dotaría de agua potable a la ciudad de Oaxaca de Juárez y a los municipios conurbados, jamás se inició, pero tuvo un gran desvío financiero de mil millones de pesos…” ¿Dónde quedaron esos mil millones? ¿En los bolsillos de Martínez Urmeneta y sus protectores del PAN? ¿Entre los socios políticos de Cué? ¿Y el agua para Oaxaca? + + + Don Alfredo Álvarez Barrón cita hoy a Donald Trump, quien dijo: “Estados Unidos debe fortalecer y expandir enormemente su capacidad nuclear hasta que llegue el día en que el mundo entre en razón…” Y El Poeta del Nopal envía su bienvenido e infaltable epigrama: “En sus discursos advierto / extraña premonición: / cuando el mundo ‘entre en razón’ / ¡todos estaremos muertos!”

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@pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.