En el nuevo contexto mundial en que México está inexorablemente inmerso, las palabras de Octavio Paz están más vigentes que nunca por su fuerte actualidad, y obligan más que nunca a tomar decisiones. Dijo que el problema más urgente es el financiero y los problemas más graves son: el aumento de población, el fracaso de nuestra agricultura, la escasa productividad, la ruina de nuestro sistema educativo, la infraestructura y que todo esto nos enfrenta a una tarea gigantesca, prolongada y colectiva. Y enderezar el país es tarea de una generación, dijo.
En efecto, es hora de tomar decisiones, aunque ya han pasado muchos años se sigue la misma ruta, desde luego, al mantener las cosas igual, no se puede esperar cambio alguno y esa especie de estado estacionario eleva el pago de la factura por la imprevisión. Se requieren estrategias innovadoras y diferentes a las utilizadas desde hace unas décadas, por ejemplo apoyar decididamente la educación superior y dotarla de recursos suficientes para desempeñar su importante labor. Y por otro lado, se esperaría que también se buscara solución al problema de la ciencia en México, y surge la pregunta ¿por qué una política aparentemente irreprochable no ha tenido los efectos deseados?, quizá porque la acción prioritaria de la política científica mexicana debería ser la formación de recursos humanos para la investigación y el desarrollo de la investigación en provincia, que es preferible por sus resultados sociales concretos, además se debería impulsar más los cambios para fortalecer la educación de provincia con sus universidades pero sin trasplantar ideas y necesidades ficticias que no estén de acuerdo con la realidad de cada estado, porque se corre el riesgo de la importación de exitismo, que solo beneficia a unos cuantos y no a la población en general, porque las ideas podrán ser muy buenas, pero cada estado tiene sus propias necesidades. También mejorar la infraestructura es un anhelo antiguo que es difícil percatarse, que a pesar de una historia larga de deficiencias en la aplicación de malas soluciones para generar infraestructura tan necesaria de caminos, puentes, hospitales, entre muchas otras, se reincida en las mismas prácticas inadecuadas, una cifra terrible; en que más de la mitad de las escuelas, 55 por ciento de México no posee alguno de los servicios básicos de agua, luz y drenaje.
Por eso crear infraestructura tan necesaria como es en el ámbito de la educación superior es algo muy loable, como la recién entrega de aulas en la Escuela Superior de Tlahuelilpan por el presidente del Patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Gerardo Sosa Castelán, quien inauguró el módulo de aulas y entregó becas tan necesarias a alumnos de bachillerato.
Finalmente, ¡enhorabuena!, a los habitantes y a la comunidad universitaria de la Escuela Superior de Tlahuelilpan.

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