El pasado domingo cientos salieron a las calles de Pachuca para hacer patente su voz de alarma ante la ola de desapariciones. El clamor fue claro: queremos seguridad, que las calles sigan siendo nuestras y no de quienes hoy están secuestrando a jóvenes estudiantes. Y qué mejor forma de hacerlo que tomar las calles: no solo durante la marcha, sino en los días subsecuentes. Lo peor que podríamos hacer es ceder la vía pública a quienes escondidos en las sombras hoy secuestran la tranquilidad de las familias. La movilización del pasado domingo, las manifestaciones del sábado, y la marcha de universitarios de la semana pasada son el mejor antídoto frente al miedo. También porque la voz de cientos de personas que caminaron por las principales vías de la capital hidalguense resulta mucho más fuerte que cada una por separado. El movimiento de protesta por los desaparecidos en Pachuca es espontáneo y su legitimidad se explica por la validez de sus demandas. Aunque se ha querido insinuar que está impulsado por intereses que buscan descalificar al gobierno de Omar Fayad, lo cierto es que el movimiento de indignación sigue creciendo. Frente a tal realidad, cabe preguntarse si las autoridades reaccionarán y reforzarán las medidas de seguridad o si buscarán minimizar el problema con argumentos que ven gato encerrado en las manifestaciones. De filón. La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) mantiene su expansión y ahora nos enteramos que la planta piloto para evaluación catalítica de hidrocarburos podría tener una segunda etapa con miras a fortalecer la competitividad tecnológica de Petróleos Mexicanos (Pemex), esto según la directora adjunta de desarrollo tecnológico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) Elvia Aidé Orozco, durante su visita de ayer a la máxima casa de estudios de la entidad.

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