El día martes 12 nos llegó de Europa un video que se vuelve rápidamente pieza de colección para quienes reúnen los garrafales errores de nuestro (¿?) señor presidente de la República, Enrique Peña Nieto. En dicho video se escucha con toda claridad la frase dicha por él: “…el referente que se ha volvido para otras naciones…” En referencia, según él, a los éxitos que ha logrado su administración en materia de las reformas estructurales aplicadas a nuestro sufrido país.
Si usted ya lo vio, supongo que habrá experimentado una enorme vergüenza al percatarse de que esa frase es parte de un discurso que Peña dice en un evento internacional sobre el problema del cambio climático. Supongo también que como lo dijo en español (¡obvio!), los traductores que seguían con atención sus palabras, habrán tenido un serio problema para encontrar la palabra precisa para traducir al inglés o al francés dicha expresión.
Es increíble que un presidente de cualquier país del mundo, aún los más atrasados, llegue a tener este tipo de dislates. Nos confirma a millones de personas que lo hemos visto cometer una, y otra, y otra burrada en muchas partes del país y del extranjero, el enorme bache cultural que existe en su cerebro. Cabe preguntarse por él o los personajes que decidieron que Peña fuese presidente de nuestro país. ¿Tan pendejos estaban los otros posibles candidatos que el PRI podía postular a la presidencia, como para que se hayan inclinado por el menos malo? O es que esos individuos que impusieron a Peña, les importaba un bledo el enorme nivel de estupideces que una persona como él podía llegar a escenificar mundialmente.
Con la reciente selección del precandidato del PRI a la presidencia de la República, se ha dicho hasta la saciedad que el dedazo ha resurgido con toda la fuerza que tuvo en otros tiempos. Que ha sido Enrique Peña el gran elector de su posible (¿?) sucesor; pero después de hacer un recuento de tantos disparates que el pobrecito ha cometido, es lógico preguntarse si este individuo tiene las capacidades para manejar un país, tan complejo como lo es el nuestro, que todo ha sido acomodado o diseñado para que él sea una especie de muñeco de ventrílocuo, al que se le dan instrucciones que no siempre cumple a cabalidad, y que al tener que asumir una de las tareas más complicadas de su administración, como lo es escoger a su sucesor, que les garantice continuidad en las políticas que hasta hoy se han venido instrumentando, pues se llegue a la conclusión de que simplemente no está calificado para asumir tan difícil tarea. Y habrá que intervenir uno o más representantes de ese poder tras la silla presidencial que lo escogió a él. Porque es lógico suponer que no fue elegido por Felipe Calderón, el presidente anterior, aunque seguramente estuvo enterado en su momento de esa decisión, suponiendo, cosa que no suena tan descabellada, que existía un acuerdo para que la siguiente elección presidencial la ganara el PRI, luego de dos sexenios panistas dignos del olvido, que hasta el mismo dirigente panista ya se atreve a criticarlos.
Y esta suposición está sostenida por la manera en que el panismo manejó a la candidata que debió enfrentar al PRI en 2012, todos fuimos testigos del abandono partidista que se implementó en torno a la candidata, a lo cual ella misma respondió con reclamos tardíos, que se tradujeron en una asignación presupuestal de 900 millones que Josefina manejó discrecionalmente, con el pretexto de implementar un programa muy difuso de ayuda a los mexicanos residentes en Gringolandia.
Entonces, ¿quién escogió a Meade? Si sostenemos que fue Peña, cabe preguntarse sobre lo acertado de esa determinación. Y si lo eligió un equipo tras el poder, donde muchos opinan que se ubica el expresidente Carlos Salinas, cabe la duda de si no habrán vuelto a cometer la pendejada de escoger a otro elemento tan malo como lo ha sido Peña.
Las decisiones sobre este asunto desde el lado del priismo suenan bastante caóticas. Al darse cuenta tardía del riesgo que corren de perder la elección en 2018, debido a tantísimos errores cometidos por Peña y compañía, se han percatado que solo con un gran fraude podrán mantener el control del poder, ya que pareciera que el panismo no tiene la presencia para pelear seriamente por la presidencia, y en función de eso, están tratando, al cuarto para la hora, de contar con un instrumento legal denominado Ley de Seguridad Interior, que permita instrumentar la represión en el caso de que las protestas que van a resurgir por los incrementos en los combustibles y la energía eléctrica por un lado, se salgan de control, y las muy previsibles protestas poselectorales se encadenen con las anteriores ante una descarada manipulación electoral, como la que implementaron en Coahuila y especialmente en el Estado de México, durante el presente año.
La legalización de la presencia militar en la vida política de México, está siendo considerada como la única forma en que los dueños del poder y del dinero, podrán seguir tomando las grandes decisiones económicas y políticas en nuestro país, aún a costa de seguir perdiendo legitimidad, de la cual ya les queda muy poca.
El riesgo es muy grande, se ha visto ese proceso en muchos países latinoamericanos, y las consecuencias han sido muy graves, tanto desde el punto de vista social como del económico y político.
México ya está en una muy severa crisis de violencia, impunidad y falta de confianza en la autoridad, como para que quieran recuperar de un plumazo la autoridad perdida, modificando las leyes para justificar la represión que viene.

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