LILIA ZAVALA MEJÍA

En nuestro país, más de 2 millones de trabajadoras del hogar forman parte de este amplio sector laboral que no disponen a cabalidad de derechos a la salud, a la pensión, al ahorro, a la alimentación o una vivienda digna. Las actividades que realizan las trabajadoras del hogar se siguen considerando de poco valor e invisibles a quienes las efectúan, es decir, principalmente mujeres (incluidas niñas y adultas mayores). Los ingresos que perciben son bajos, no cuentan con un sistema de protección social y programas como el de reciente aprobación para su incorporación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), no son suficientes para elevar su calidad y condiciones de vida.

Es mínimo el número de trabajadoras del hogar que cuentan con un documento donde se acredite el carácter de su relación laboral, aunado al desprestigio y estereotipo por el tipo de trabajo que realizan. Quienes las contratan consideran aceptables las percepciones que reciben y hasta afirman que sus pagos son mayores a lo realizado, mientras que en la realidad las remuneraciones no rebasan los dos salarios mínimos. El trabajo del hogar es básico para la vida cotidiana de millones de personas, sin cuyas labores domésticas no sería posible realizar las funciones públicas o privadas de hombres o mujeres, ejemplo: preparación de comida, limpieza, planchar ropa, cuidado de niñas y niños, entre los quehaceres más inmediatos y visibles (Conapred, 2015).

Se llega a pensar que cuando las trabajadoras del hogar consiguen alguna prestación, se debe a la buena relación con sus patrones y responde a una situación “caritativa” o de “buena voluntad”. En ocasiones no existe un pago monetario y los empleadores entregan a cambio, comida, ropa y utensilios que van desechando.

Algunos de los derechos con los que deben contar las trabajadoras del hogar que residen en el domicilio de sus empleadores se refieren a los siguientes: nueve horas de descanso nocturno continuo, descanso diario de tres horas entre el horario matutino y el vespertino, un descanso semanal de día y medio, disponer de una habitación cómoda e higiénica,  alimentación suficiente y sana, recibir un pago anual de 15 días de salario por concepto de aguinaldo o parte proporcional según sea el caso y trato cordial y amable, derechos que difícilmente cumplen sus empleadores.

Para mejorar la situación de las trabajadoras del hogar es necesario revalorar la imagen del trabajo doméstico en la sociedad y enfatizar su rol social y económico con la finalidad de que las trabajadoras gocen de los mismos derechos y beneficios que los trabajadores de otros sectores de actividad.

A pesar de las precarias condiciones laborales, las mujeres han tenido que vivir con ello, junto a la necesidad de llevar un sustento a sus hogares, situación con la lidian  cotidianamente. Existen vacíos que se deben atender para mejorar la condición laboral de las trabajadoras del hogar, es preciso en el ámbito legislativo considerarlas personas con  derechos, en el ámbito laboral no existe una reglamentación sobre las medidas de seguridad e higiene de prevención de riesgos y accidentes de trabajo o una ley que las proteja cuando son despedidas injustificadamente.

La sociedad en general y las instituciones encargadas de procurar los derechos de las trabajadoras del hogar tienen el gran reto de impulsar el desarrollo integral y procurar el ejercicio de sus actividades en condiciones favorables de protección y seguridad social, contribuir a revalorizar dicha actividad por parte de todos los sectores sociales. La ratificación del convenio 189 permitiría a estas mujeres disfrutar de condiciones de empleo equitativas y aspirar a un trabajo de tipo “decente”, se respetarían y garantizarían en la legislación laboral los principios y derechos fundamentales en el trabajo. En suma, propuestas que permitan incorporar beneficios legales y de salud enfatizando el respeto a los derechos humanos y laborales.

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