Transformación estructural

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Transformación

En la actualidad pareciera que el mundo se dirige hacia una nueva fase de continuas transformaciones estructurales en diversos ámbitos, ampliando las fronteras del conocimiento científico-técnico y la multiplicación de todo tipo de brechas; ahí es en donde la educación se vuelve cada vez más importante y uno se pregunta, ¿qué tipo de sociedad queremos?, ¿cuáles son los valores que queremos inocular a las futuras generaciones?, y ¿qué capacidades serán necesarias?
Porque debe evitarse a toda costa que se presenten síntomas de un aumento en el deterioro educativo, porque eso nos llevaría inexorablemente a un estancamiento y retraso hacia una especie de primitiva barbarie y, en cambio, necesitamos que nuestras escuelas se formen en la empatía con el valor del trabajo continuo y comprensión mutua, con espíritu de colaboración, donde se valore la diversidad y la civilidad, para evitar repetir el justo reclamo de una sociedad indignada por el mediocre desempeño económico y sus funestas consecuencias sociales, y evitar así que se convierta en regla y no la excepción los malos gobiernos faltos de civilidad, con magro manejo económico con alto rechazo popular. Por lo que se hace necesario darle a la educación el peso que se merece para construir una cultura donde la unidad sea resultado de la inclusión del pensamiento plural.
Por lo anterior, parte del éxito radica en la educación superior, por lo que posiblemente para la gran mayoría de los países desarrollados, el tener universidades estatales de clase mundial es parte de su política de Estado. Universidades que le dan un fuerte impulso a la ciencia y tecnología para apuntalar su economía, porque saben su valor y contribución al desarrollo de la sociedad. Además, porque la agenda de las potencias manejan en sus relaciones internacionales cada vez más el componente estratégico científico-tecnológico. Porque el desarrollo científico-tecnológico no se obtiene burocráticamente, se obtiene con trabajo arduo y continuo en las universidades, en sus laboratorios, talleres, en las salidas a campo, en sus aulas, todo para beneficio de nuestro país.
Por otro lado, es loable el excelente trabajo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y su Patronato para acceder a proyectos conjuntos y al uso de equipamiento de punta, que constituye un primer paso para dar oportunidades tempranas a quienes se inician en la investigación, ya que son las mentes transformadoras del futuro, además de los programas de movilidad, de vinculación, culturales, entre otros que tanta falta hacen para hacer crecer nuestro mercado interno.
Además, en la transformación hacia el desarrollo debe evitarse el diagnóstico gubernamental que dice que para crecer basta con estimular la demanda y en particular la inversión, porque eso es anacrónico e inviable, lo mismo que el enfoque de continuidad de las políticas económicas de las administraciones actuales y, en cambio, debe dársele un impulso adicional a la infraestructura, principalmente consolidando sus instituciones y en particular sus universidades estatales de clase mundial, como la UAEH, como una primera etapa de infraestructura orientada a facilitar una transformación integral, seguida de organizar las capacidades de transformación que existen en las economías locales y activar todos los procesos de transformación estructural que lleven al desarrollo de nuestro estado y país.

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Doctor en ciencias de los materiales, ingeniero minero metalúrgico por la UAEH y maestro en ciencias en geología minera por el Instituto Politécnico Nacional. Profesor investigador de la Autónoma de Hidalgo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Colabora en Libre por convicción Independiente de Hidalgo desde 2009.