El inicio de una formal transición de poderes encabezado por Enrique Peña Nieto, presidente en funciones, y Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, en el corolario de un tercer encuentro polarizó la atención del país el lunes de la semana pasada.

Aunque no menos interesante compitiendo en rating fue la reaparición, el mismo día, de Elba Esther Gordillo tras cinco años y meses de estar recluida.

En el primero, trascendente e inédito para la nación, los dos mandatarios mostraron impecables cortesías, dejando atrás días ácidos de una también muy singular campaña electoral.

Cada uno estuvo acompañado de sus gabinetes, quienes mantuvieron puntos de vista diferentes en dos temas de capital interés: reforma educativa y nuevo aeropuerto.

No hubo vacilaciones en la demarcación de terrenos en sus juicios, aunque se advertía que AMLO llevaba la ventaja porque, a final de cuentas, a partir del primero de diciembre, o tal vez antes, pondrá en práctica lo que él cree, y sus principales asesores, en asuntos tan relevantes.

Parecía que Peña Nieto y López Obrador eran dos viejos amigos, muy futboleros, que acreditaban virtudes de sus equipos favoritos, en extremada imaginación, América y Cruz Azul.

Nada de riñas y enfrentamientos verbales. En su tiempo, uno disertando y el otro respetuoso escucha y viceversa.

Interesante sería conocer lo que a la postre calificaron, cada uno y sus funcionarios de la pública controversia.

Peña Nieto, propio, dijo que no había disputa sino visiones distintas.

López Obrador, no menos correcto, manifestó: “Es algo extraordinario que podamos tener esta relación armoniosa entre un gobierno que está por terminar y el gobierno que va a iniciar sus funciones”.

Pero de los asuntos álgidos, diametrales determinaciones.

Peña citó, con sutil alusión a la reforma educativa: “Cada administración tiene una óptica diferente en el ámbito educativo, y así como nosotros defendimos el modelo educativo que impulsamos, somos respetuosos del modelo futuro que se define”.

López Obrador afirmó que cancelará la reforma educativa que el presidente Peña Nieto impulsa en su gobierno y que será sustituida por otra reforma que tomará en consideración el punto de vista de profesores, “toda vez que sin ellos no se puede mejorar la calidad de la enseñanza”.

Y del aeropuerto:

Peña Nieto: “El megaproyecto sigue su curso, porque hay contratos asignados a distintas empresas constructoras”.

López Obrador: “Serán los mexicanos quienes decidan a finales de octubre”. Y previno que el método de la consulta ciudadana lo aplicará para todo aquello que se requiera.
Y se concluiría que todo transcurrió como miel sobre hojuelas… aparentemente.

Elba Esther, guerrera

En el hotel Presidente de la Ciudad de México, seguida por decenas de comunicadores, así como sus cercanos familiares y maestros, entre ellos dos hidalguenses de cartel: Moisés Jiménez y Alejandro Soto, exdirigentes estatales del SNTE, la maestra Elba Esther Gordillo fue contundente al regresar, de hecho, a la vida pública al declarar:

“Recuperé la libertad y la reforma educativa se ha derrumbado.”

Su imagen era distinta a la de un lustro atrás.

Esbelta, cutis impecable y bien mantenida la voz, con los ojos avasallantes al momento de formular su o sus condenas.

No cedió en considerarse perseguida política y al tiempo levantó los brazos para mostrar la sentencia que la absuelve.

Se despojó del glamur. Usó un traje sastre negro, y solo aretes plateados. Quedó, esta vez para el olvido, la muestra de bolsos especialmente diseñados.

Empleó frases que se percibían de dolor y de reclamo como: “Fui un chivo expiatorio al que se le culpó de todo; lamento que quienes debían defendernos no lo hicieron y nos traicionaron.

“Ejerceré mi libertad consciente de que mi lugar y mi lealtad siempre ha estado y estará del lado de los maestros de México y de la defensa de la educación pública.”

Y en otra parte de su intervención apuntó:

“Hoy esta guerrera está en paz.”
En Hidalgo surgieron expresiones interesantes.

Luis Enrique Morales Acosta, dirigente de la sección 15 del SNTE, manifestó: “La reforma educativa era necesaria, pero fue mal planteada desde el principio”, añadiendo: “Al maestro no se le puede llegar con un látigo en la mano”.

Y a su vez el diputado local de Nueva Alianza, Eliseo Molina Hernández, indicó: “Les resulta fácil decir que Elba Esther Gordillo regresará. Lo cierto es que las dirigencias nacional y estatal resultaron electas de un proceso institucional y estatutario, por lo que quien aspire a encabezarlas debe esperar los tiempos y no pretendiendo desestabilizar y dividir al magisterio”.

Merecido reconocimiento

Silvia García de Alba recibió merecidamente la presea Pedro María Anaya, en un emotivo evento que encabezó el gobernador Omar Fayad.

Una vez más se exaltaron sus méritos, entre ellos su calidad artística. Dotada de excelente voz, fue parte del dueto Las Hermanas Alba.

Casada con Jorge Rojo Lugo, quien fuera mandatario estatal, fue no solo entusiasta sino tenaz en acciones sociales. Encabezó voluntariados en el Banco Nacional Agropecuario, Banco Nacional de Crédito Rural y de la Secretaría de Reforma Agraria.

Después fue presidenta del DIF Hidalgo.

Preside, además la asociación civil Gilberto y la fundación Jorge Rojo Lugo, deja sentir su presencia en apoyo en zonas marginadas del Valle del Mezquital y la Huasteca hidalguense.

Y, en calidad de escritora, el libro La picardía mexicana con una misma letra, es de su autoría.

Participa en un programa cultural de televisión.

Dos de sus hijos, Jorge y José Antonio Rojo, se han distinguido en actividades políticas, además de heredar la cordialidad, fina presencia de su mamá, la justamente reconocida Silvia García de Alba.

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