El segundo tiempo del partido entre Atlas y Pachuca resulta bastante revelador en cuanto a la operatividad intermitente del cuadro de Paulo Pezzolano. El punto de inflexión fue la expulsión de José Abella tras una zancadilla al estilo de la lucha libre. Si bien los Tuzos ya ganaban el encuentro, la superioridad numérica cambió el flujo de la pelota.

Por casi media hora, los blanquiazules se dedicaron a resguardar el balón a través de la posesión y la amplitud de cancha. Con los rojinegros plantados detrás de la línea de media cancha, poco necesitó hacer un equipo que llegó a Guadalajara con solo 72 horas de descanso. La masacre de Toluca mermó más en lo anímico que en lo físico, pero el kilometraje en carretera pasa factura a cualquiera.

Lo más destacado llegó en los minutos finales, cuando el 11 hidalguense se integró por seis menores de 23 años: Miguel Tapias, Erick Aguirre, Efraín Orona, Luis Chávez, Antonio Figueroa y Roberto de la Rosa. Los jóvenes mexicanos fueron, por mucho, lo más destacado del partido. Pachuca no brilló y los goles siguen llegando desde los once pasos. Sin embargo, sus juveniles levantaron la mano.

Siendo el que más se ha fogueado con el primer equipo, Tony Figueroa quien ha demostrado condiciones que seguro preocupan a Romario Ibarra, su rival en posición. Orona, plurivalente, ha dado señales de comprender la dinámica de doble contención junto al capitán Jorge Hernández. Lo propio ocurre con Chávez, quien ha respondido a la confianza del entrenador uruguayo, así como Aguirre, que podría encontrarse, ahora sí, en su torneo de consolidación si se le respeta la posición de volante ofensivo.

En contraste, la debacle en Estado de México puso en evidencia que las carencias de los Tuzos recaen considerablemente en lo táctico. El equipo se desmorona con muy poco: la defensa se desmoraliza cuando a Cabral le pesan los años y Murillo es obligado a salir de posición; los pases en el último tercio no siempre son acertados y, cuando llegan a los destinatarios, esos terminan por despejar en lugar de tirar a gol.

A Pachuca le cuesta entenderle a Pezzolano. Los desplantes por parte de gente importante como Franco Jara exhiben el descontento con la nueva estrategia. En contraste, los más jóvenes se muestran frescos, receptivos y con asociaciones que, si bien no son una realidad, podrían convertirse en el cambio generacional que urge en la Bella Airosa.

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