Tuvieron que pasar ocho largas semanas para que disminuyera el número de fallecimientos a causa del coronavirus (Covid-19) en Hidalgo; seis para que los contagios dieran una tregua al sistema estatal de salud. En semanas previas, el estado se encontraba con una capacidad hospitalaria más alta que el promedio nacional, aunque esta disminución no significa de ninguna manera que hayamos librado el peligro. Como cada quincena, Libre por convicción Independiente de Hidalgo presenta un análisis del doctor Aurelio Granados Alcántar, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, quien explica el comportamiento de la enfermedad en la entidad. En la edición de hoy, el especialista en estudios de población de la Autónoma advierte sobre los factores que exacerban la transmisión del virus, sobre todo en municipios con poca población. La buena noticia de la semana que termina es que Hidalgo baja por fin la cifra de muertos y de contagios; la mala, un deficiente seguimiento a los protocolos de diagnóstico y vigilancia ponen en jaque pequeñas demarcaciones. Granados Alcántar explica que el número reducido de pruebas y no rastrear a los contactos de posibles portadores es la razón de que una localidad de 15 mil habitantes, como Emiliano Zapata, sea la más castigada con una tasa de casos confirmados de mil 88 por cada cien mil habitantes. Y es que al interior del estado la vigilancia epidemiológica es tan endeble como la responsabilidad ciudadana. Echar campanas al vuelo resultaría temerario, sobre todo en una coyuntura político-electoral como la que atraviesa el estado. Eso no parece importarle a las candidaturas ni a las autoridades encargadas del proceso, tampoco a los concejos municipales que, amparados en el sesgado semáforo naranja, han dado rienda suelta a los distintos giros comerciales. De filón. Hay respetables periodistas y otros pregoneros que se regocijan en la detención de una persona para hacer alharaca de sus cortas investigaciones.

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