En solo dos días, 8 y 9 de agosto, quizá se dibujó la nueva cartografía geopolítica que va del mar Negro al mar Caspio –y probablemente hasta el océano Índico– con las dos cumbres que se escenificaron, la primera en Bakú entre los mandatarios de Azerbaiyán, Irán y Rusia (http://goo.gl/IjuQp7), y la segunda, entre los presidentes de Turquía –en su delicada fase posgolpe– y Rusia, nada menos que en San Petersburgo, ciudad natal del zar Vlady Putin.
No significa que “dos cantidades iguales a un tercero, sean iguales entre sí”, pero los acercamientos espectaculares a Rusia, de parte de dos magnas potencias regionales del “gran Medio Oriente”, la sunita Turquía (http://goo.gl/IczzUQ) y la chiíta Irán, son susceptibles de cambiar dramáticamente la coreografía bélica desde el mar Negro hasta el mar Caspio, la cual, mediante el posicionamiento de Irán, puede inclusive conectarse al océano Índico.
Antes de las respectivas cumbres de Putin en Bakú y San Petersburgo, el diario ruso Vzgliad había adelantado que “Rusia busca crear un ‘triángulo’ con Irán y Turquía (http://goo.gl/JcEgej)”.
En realidad, Rusia busca obliterar su flanco sur, específicamente en el Transcáucaso, pilar euroasiático entre el mar Negro y el mar Caspio: trampa del yihadismo que le ha tendido el “plan Brzezinski” en forma ininterrumpida desde la creación de los muyahidines sunitas a finales de la década de 1970: abuelos y padres de los yihadistas posmodernos (http://goo.gl/I1kn6D).
Según el portal iraní Press TV, “Irán y Rusia esbozan un mapa que rivalice con el canal de Suez (http://goo.gl/Y0bpEF)”. Se trata de un Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur (NSTC, por sus siglas en inglés) de 7 mil 200 kilómetros: “ruta multimodal que conecte India (¡supersic!) y Medio Oriente al Cáucaso, Asia Central a Europa” con el fin de “reducir en forma significativa los costos y la duración del transporte comercial”.
Según la logística ferroviaria rusa, el nuevo corredor Mumbai/Bandar Abbas/Bakú/Astracán/Moscú/San Petersburgo “recortaría el tiempo de transporte en 14 días y elimina la necesidad de pasar a través del canal de Suez, que se encuentra sobrecargado y es muy caro”. Aquí los estrategas rusos tendrán que decidirse entre los vulgares costos mercantilistas y los altos costos geoestratégicos, ya que el premier ruso, Dmitri Medvedev, ha sido un impulsor notorio del ampliado “nuevo canal de Suez” boicoteado por los multimedia occidentales.
El “nuevo canal de Suez”, que costó 15 mil millones de dólares, fue financiado en forma asombrosa por los patriotas egipcios quienes se volcaron a comprar sus bonos (http://goo.gl/d8Rmol).
No veo la razón por la cual tengan que competir el “nuevo canal de Suez” y el proyecto NSTC ruso-iraní, ya que cada uno tiene rutas y objetivos diferentes.
Cabe señalar la conectividad de India (hoy tercera potencia geoeconómica global que ya desplazó a Japón) con Irán (con una economía similar a la de Turquía, miembro del G-20) en la construcción conjunta del superestratégico puerto de Chabahar en el país persa (http://goo.gl/4PqoAO).
La era multipolar es no lineal e hipercompleja: no apta para reduccionistas mentes maniqueas.
Me he tardado más en la dimensión iraní que en su análoga turca, debido a que es menos conocida por el boicot multimediático de “Occidente”.
No se puede soslayar que la parte norte de Irán es similar étnicamente a Azerbaiyán cuando hasta el supremo líder ayatolá Jamenei pertenece a la etnia azerí, como se llama a los originarios del Azerbaiyán independiente y del “Azerbaiyán iraní”.
La visita del sultán Erdogan al zar Putin ha provocado repercusiones en dos puntos del mar Negro, específicamente con la desestabilización de la península de Crimea por el gobierno de Kiev (https://goo.gl/Wm5vQb) y el sensible recalentamiento del Donbass: región oriental rusófila de Ucrania.
La desestabilización de Crimea –que cobró la vida de dos funcionarios rusos (https://goo.gl/bv2q6q)– ha enfurecido a Putin y ha llevado a que Rusia anuncie ejercicios navales simultáneos en el mar Mediterráneo y el mar Caspio para simular una “batalla total (https://goo.gl/WwxadL)”.
¿Se tambalea el pentapartita “acuerdo de Minsk (http://goo.gl/CCb4L6)”?
En forma tanto reactiva como preventiva –a cualquier aventura bélica de EU, la OTAN y Ucrania en el mar Negro–, Rusia ha colocado avanzados sistemas antiaéreos S-400 en Crimea (https://goo.gl/XSahPI).
Ya habrá tiempo de sopesar los alcances de los acuerdos entre Erdogan y Putin que dejan atrás el derribo del avión ruso en la transfrontera sirio-turca.
Erdogan y Putin han generado notables avances en varios rubros –turismo, comercio, tránsito de gasoductos, etcétera– que no necesariamente atraen a Turquía, que todavía es miembro de la OTAN, a la órbita rusa.
¿Podrá escapar Turquía de su jaula en la OTAN que domina EU?
¿Qué advendrá de la base estadunidense de Incirlik y sus 90 bombas nucleares (http://goo.gl/cu5LDW)?
Estas dos interrogantes, después de la reciente visita a Turquía del jefe de las fuerzas militares conjuntas de Estados Unidos, general Joseph F Dunford jr (http://goo.gl/CY0iuY), no tendrán respuesta inmediata, ya que el presidente Erdogan no ha quemado las naves militares ni financieras con “Occidente” cuando la lira turca se ha revaluado en forma antigravitatoria (http://goo.gl/xQOsOl), mientras se considera nombrar como vicegobernador del Banco Central de Turquía a Emrah Sener, anterior banquero de Citigroup y HSBC “formado” en la London School of Economics (http://goo.gl/D9tpBM). ¡Demasiadas concesiones financieras!
Insisto: una de las mayores vulnerabilidades a corto plazo de Erdogan son las finanzas y la economía muy dependientes de “Occidente”.
Turquía ha pedido un precio muy alto para EU: la extradición de Gulen, presunto agente de la CIA (http://goo.gl/Ahv2KU).
La prensa rusa considera que la “nueva amistad” de Rusia y Turquía “cambian el orden político en Medio Oriente (http://goo.gl/JLACm0)” y “envía un fuerte mensaje a EU y la OTAN (http://goo.gl/ffld1k)”, mientras Stratfor, la CIA empresarial, juzga que “adelante habrá más puntos donde colisionen los intereses nacionales de Rusia y Turquía (https://goo.gl/SXkRPx)”.
En favor del “nuevo triángulo geopolítico” abona la fructífera visita del canciller iraní, Yavad Zarif, a Ankara, donde saludó el “deshielo de las relaciones entre Turquía y Rusia (http://goo.gl/sxXFsE)”.
Falta ver los alcances de la cooperación de Turquía e Irán en el contencioso sirio (http://goo.gl/qPkY6j).
Un enorme escollo a la concretización del “triángulo geopolítico” Rusia/Turquía/Irán será el devenir del régimen sirio, lo cual se reflejará en la batalla del destino que se escenifica en Alepo y donde colisionan, todavía, los intereses de Turquía con Irán y Rusia, tomando en cuenta que tampoco los intereses de Teherán y Moscú son calcados y son perturbados por el “factor kurdo”.
Curioso: el acercamiento entre la sunita Turquía y la chiita Irán se ha dado como consecuencia tanto del alejamiento de ambos con Obama como a su acercamiento con Putin.

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