Los globalistas sufrieron el mismo día dos severas derrotas a manos de dos “nacionalismos económicos” nor-atlánticos anglosajones muy sui generis: el Brexit del primer Boris Johnson y su gran aliado Trump quien parece haber librado el proceso del impeachment en el Senado.

El Brexit y el trumpismo sustituyen la fase caduca del thatcherismo/reaganomics.

En su estilo megalomaniaco, Trump festejó que “se había acabado el juego”: el rechazo de 51 senadores republicanos para llamar a testigos muy comprometedores.

Perdieron 47 Demócratas y los dos desertores republicanos esperados: Susan Collins y el mormón Mitt Romney, de padre chihuahuense y vinculado a la fratricida familia LeBaron a los dos lados de la transfrontera.

Los mormones forman parte de un sector muy influyente de la CIA/FBI/NSA (National Security Agency): el caso de Brent Scowcroft, anterior asesor de Seguridad Nacional con Gerald Ford y daddy Bush, y ahora del fallido candidato presidencial Romney.

La CIA y el FBI, vinculados a Soros (Rudolf Giuliani dixit), son considerados parte consustancial del Deep State (Estado Profundo) que busca decapitar a Trump.

El asunto de la votación de llamar a los testigos comprometedores no era menor y su rechazo constituyó el paroxismo del drama del impeachment que hubiera prolongado el proceso –y,por ende, mancillado mucho más la imagen de Trump a ocho meses de la crucial elección presidencial– y más que nada, hubiera resquebrajado la compactación monolítica del Partido Republicano con probablemente, un mayor número de deserciones cuando para el impeachment se requieren 2/3 partes, hoy inexistentes, en el Senado.

Entre los testigos piromaníacos se encontraba John Bolton, bombástico ex-asesor de Seguridad Nacional de Trump, a quien estaba dispuesto propinarle una puñalada trapera.

La “bomba Bolton” de dramática última hora hubiera expuesto el quid pro quo del Ucraniagate: el vil chantaje de Trump al presidente de Ucrania Zelensky, comediante de profesión, de proseguir la ayuda militar a cambio de la fétida información de Hunter Biden, hijo del hoy desfalleciente candidato a la nominación del Partido Demócrata Joe Biden, en sus tratativas mafiosas con la gasera Burisma.

Los republicanos tampoco estaban mancos porque estaban prontos a enjuiciar ante el Senado a los Biden(padre e hijo), al mismo congresista Adam Schiff y al famoso soplón (whistleblower) Eric Ciaramella.

Se hubiera tratado de una “guerra de fango” para ver quien caía más bajo ante una aburrida opinión pública.

Más allá de los primitivos subjetivismos solipsistas, existen dos niveles más trascendentales en el meta-análisis:1. La batalla a muerte entre Soros y los globalistas contra Trump y los “nacionalistas económicos”; y 2. La orientación de la relación de EU con Rusia.

Los demócratas en el Congreso –en especial Nancy Pelosi, Adam Schiff y Jerry Nadler,lubricados por George Soros– equivocaron la estrategia frente a un Trump que se re energizó y contaba con el auge bursátil y el apoyo de su base electoral en el cinturón bíblico (Bible belt), el cinturón industrial (Rust belt), y con los zelotes “evangelistas sionistas”.

El inminente voto para cerrar el fallido impeachment será de mero trámite cuando se antoja imposible que los demócratas consigan 20 votos de los Senadores Republicanos para defenestrar a Trump.

Evidentemente que el cambio de la correlación de fuerzas en Estados Unidos, a fortiori con la probable reelección de Trump y la consolidación del trumpismo y su “nacionalismo económico” sumado del “supremacismo protestante blanco anglosajón” de los WASP, salvo errores estratégicos de ruta de aquí al primer martes de noviembre, afectará la relación con México, y sus elecciones de 2021 y 2024, donde Soros y Trump tienen a sus partidarios bien encumbrados: unos a la baja y otros al alza.

Mi muy humilde lectura es que se acelera el declive de Soros y los globalistas a escala local, regional y global.

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