WSWS arguye que con el despido del “fascista” Steve Bannon –anterior oficial de Marina, exbanquero y principal estratega político de Trump–, “los militares afirman su control” en la Casa Blanca.
Su defenestración se gestó “tres días después de la conferencia de prensa de Trump”, quien “defendió a los manifestantes nazis y supremacistas blancos” en Charlottesville, lo cual “provocó una crisis política sin precedentes en Washington”, lo que “daña severamente la credibilidad de EU en la arena internacional y crea las condiciones para explosiones sociales domésticas”.
Hasta James Murdoch, director de 21st Century Fox e hijo de Rupert (aliado de Trump), reprochó la ambivalencia del polémico presidente, quien dos días más tarde criticó a sus presuntos aliados.
Más allá de “la rebelión en la granja” de un sector del Partido Republicano, el índice Dow Jones declinó 274 puntos con el amago de la renuncia del israelí-estadunidense Gary Cohn, anterior presidente de Goldman Sachs y hoy jefe económico de la Casa Blanca. Con el despido de Steve Bannon, los tratantes del piso de remates de la bolsa de Nueva York, que repuntó, “explotaron de júbilo”.
La decisión de su defenestración provino del flamante general retirado John Kelly, de los Marines quien defendió a su colega el general H R McMaster –consejero de seguridad nacional– y de quien el feroz portal Infowars alega que es controlado por el megaespeculador George Soros quien planea la captura de la Casa Blanca, citando a una fuente del espionaje israelí. ¿Será?
No es ningún secreto el choque de Soros con el gobierno de Netanyahu y su aliado Sheldon Adelson, dueño de casinos y periódicos.
La gota que derramó el vaso de la expulsión de Bannon –quien había presentado su renuncia 10 días antes, congelada por su pupilo ideológico Trump– fue su cruda entrevista a The American Prospect donde planteó “purgar (sic) a sus oponentes en las secretarías de Estado y de Defensa”, atacó a Cohn por oponerse a la guerra comercial contra China y, lo peor de todo, a mi juicio, expuso la vacuidad de las amenazas bélicas contra Norcorea, donde “no existe una solución militar” ya que en la primera media hora habrían 10 millones de muertos (¡súper sic!) en Seúl.
Lo más relevante: Steve Bannon colocó a China como el principal enemigo de EU y que, en caso de no ser detenida en los próximos cinco años, marcaría un “punto de inflexión” que impulsaría a Pekín como el “nuevo hegemón”.
Los negocios en China de Goldman Sachs, de la banca Rothschild y Soros –no se diga de Jared Kushner y su esposa Ivanka– chocaron conspicuamente con el estratega Bannon, quien fue el artífice del triunfo de Trump en el Colegio Electoral al movilizar a las huestes de desempleados supremacistas blancos y los WASP (blancos, protestantes anglosajones) en la olvidada área rural de EU: desde el “cinturón bíblico” hasta el “cinturón industrial”.
Ni tardo ni perezoso Steve Bannon –a quien el Vaticano ya le había declarado la guerra “teo-política”– regresó de inmediato a su plataforma Breitbart News, portavoz del “nacionalismo blanco económico” y declaró en forma bombástica que se encuentra “en guerra contra los opositores de Trump en el Congreso, los multimedia y las transnacionales”. Fue notorio que no haya mencionado a los militares que lo decapitaron.
El emasculado Trump se encuentra arrinconado y más aislado que nunca con el solo apoyo interno de su familia, su hija Ivanka y su yerno Kushner quien controla a su correligionario Stephen Miller, caústico amanuense de Trump y connotado islamófobo muy dado a una retórica estrambótica, como la que profirió el presidente sobre la “carnicería (sic) estadunidense” perpetrada por los lobos de Wall Street.
Arrinconado en la Casa Blanca, el hoy emasculado Trump, a quien ya había detectado como “deslactosado”, tendrá como aliado a Bannon desde su púlpito “nacionalista blanco” en Breitbart, a quien felicitó: “Steve Bannon será una nueva voz dura (sic) e inteligente, quizá mucho mejor que antes. Los fake news necesitan competencia”.
Jonathan Swan, del portal AXIOS, asevera que Bannon, apoyado por la familia del multimillonario Bob Mercer, se prepara para la guerra (¡súper sic!)”con su “maquinaria homicida de Breitbart”: una “guerra termonuclear (¡súper sic!)” contra “los globalistas”, quienes “han destruido a EU”. La guerra será contra el general H R McMaster, Dina Powell –viceconsejera de seguridad nacional que proviene de Goldman Sachs–, Gary Cohn y la pareja Jared e Ivanka.
A mi juicio, el desenlace de esta guerra civil, que no se atreve a pronunciar su nombre, dependerá de la movilización de las huestes nacionalistas/populistas/supremacistas blancos.
El júbilo por la expulsión de Steve Bannon es indescriptible: desde Hollywood hasta Huffington Post, presuntamente controlado por Soros, y que llegó hasta titular en forma racista “Adiós Goy”. El término Goy (¡súper sic!) es despectivamente racista para quienes “no son judíos” y son vistos como “no humanos”.
Washington es un volcán en plena erupción y el rotativo israelí Haaretz revela que “los generales de EU encabezan una revuelta sin precedentes contra Trump”, debido a que “si cada soldado negro abandona”, como consecuencia de los comentarios del presidente sobre Charlottesville, “el Ejército colapsaría”.
Pepe Escobar resalta la estratagema de Steve Bannon que consiste en seducir a la desempleada clase trabajadora que solía ser fiel al Partido Demócrata: “más hablan de política de identidad los demócratas, y más los tengo atrapados. Deseo que hablen diario sobre el racismo. Si la izquierda (sic) se concentra en la raza y la identidad, y nosotros vamos con el nacionalismo económico, podemos aplastar (sic) a los demócratas”, según el explosivo Bannon. Antes habría que ver qué sucede en las próximas elecciones intermedias de 2018.
Steve Bannon sentenció en una entrevista a Weekly Standard que la “presidencia de Trump por la que luchamos y ganamos, se acabó”.
Bannon va a la guerra de guerrillas y externó que “todavía tenemos un inmenso (¡súper sic!) movimiento para rescatar algo de lo que queda de la presidencia”. Consideró que Trump “será mucho más convencional (sic)” al tener dificultades de avanzar los temas del “nacionalismo económico y la inmigración (nota: en la que incluyó la construcción del muro)”.
Steve Bannon vaticinó que los republicanos, quienes han sido reticentes en su apoyo, moderarán (¡súper sic!) a Trump. Mejor dicho: ¡los militares y Goldman Sachs!
NYT juzga que la salida de Bannon fue una victoria para Cohn y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin (nota: ambos de Goldman Sachs), y pregunta qué quedará de la agenda de Trump en comercio, cambio climático, China, inmigración y Afganistán.
¿Trump leerá más que nunca el portal Breitbart e intentará aplicar el “nacionalismo económico” mezclado de supremacismo blanco?
Una cosa es segura: Steve Bannon afuera será mucho más peligroso que adentro de la Casa Blanca.

 

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