Imposible, imposible sustraerse al encuentro Enrique Peña Nieto-Donald Trump, sus causas y consecuencias de sumo negativas y, sobre todo, en víspera de que el presidente de México rinda su cuarto Informe de Gobierno y el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos hile una etapa más en su periplo en pos del voto de los estadunidenses.
¿Quién perdió? ¿Quién ganó? Evidente, al presidente Peña Nieto la resultante no fue, con mucho, la que esperaba para incluirla en su informe como una especie de éxito en la política exterior que no es la mejor que se ha desplegado, con dislates de la canciller Claudia Ruiz Massieu que, en un primer momento, descalificó a Trump y a la brevedad recapituló para asegurar respeto a la contienda por la presidencia estadunidense.
Para Trump fue un día de campo. La reunión privada en Los Pinos desató las referencias que dejan al presidente en el papel de operador de campaña de la etapa México de Donald Trump, quien apenas y matizó algunos conceptos, mas no varió en su propuesta de campaña.
El empresario-candidato dictó la agenda, determinó que ésta se circunscribe a cinco conceptos y en ninguno de ellos hay un aliento de un new deal de Estados Unidos hacia México en condiciones positivas. No, incluso, se mantuvo en la idea de revisar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte porque, refirió, el que más se ha beneficiado de éste es México.
¿Ha sido jauja el TLCAN para México? Las frecuentes decisiones de proteccionismo a productores agrícolas y del sector manufactura de la Unión Americana desmienten esa concepción que Trump tiene de dicho tratado y los beneficios y perjuicios que de éste se han derivado para los socios. Pero al final del día, Trump anda en campaña y Enrique Peña Nieto no.
Dijo el inquilino de Los Pinos que su prioridad como presidente de México “y la de mi gobierno es proteger a los mexicanos donde quiera que ellos se encuentren. Esa es mi responsabilidad y la seguiré cumpliendo con total entrega”.
En la rueda de prensa ofrecida al término del encuentro con Trump, Peña Nieto recordó que el 8 de noviembre el pueblo estadunidense elegirá al nuevo presidente de los Estados Unidos. ¿Y?
Dijo estar seguro que el proceso electoral seguirá siendo de intenso debate, contraste de ideas y amplia participación ciudadana, todas esas características de la gran tradición democrática de los Estados Unidos. ¿Y?
Bueno, refirió que la invitación para entrevistarse antes de los comicios gringos, también se extendió a la señora Hillary Clinton, la candidata demócrata. ¿Y?
“Podemos no estar de acuerdo en diversos temas, pero su presencia aquí, señor Trump, muestra que tenemos una coincidencia fundamental: nuestros respectivos países son muy importantes el uno para el otro”, manifestó Peña Nieto a Trump. ¿Y?
Ah, pero el candidato Trump hizo lo propio, lo que determina una agenda proselitista y marcó las cinco pautas de su objetivo como presidente y no se abstuvo de nada ni ofreció disculpas ni pidió perdón por las injurias y descalificaciones que recurrentemente ha hecho contra los mexicanos.
Cuentan que la señora Clinton está enferma y que esa habría sido una de las causas por las que Enrique Peña Nieto determinó reunirse con el que sería el sucesor de Obama. Pero esa versión tiene un problema: la señora Clinton también fue invitada a la entrevista en México.
Lo cierto es que, cualquiera que haya sido el motivo de ese encuentro, su resultado no ha sido nada positivo para Enrique Peña Nieto, quien de plano se instaló en el papel de operador de la etapa México de la campaña del señor Trump, quien con toda razón puede presumir que, en su visita a México y en la entrevista con su presidente, vino, vio y triunfó.
¿Quién asesora a Peña Nieto? Digo.

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