Pareciera descabellado imaginar un arreglo nuclear entre las tres superpotencias EU/Rusia/China cuando Trump aprieta las tuercas contra China, en Taiwán, y contra Rusia, desde el Báltico hasta Venezuela.

En el epílogo de las negociaciones entre EU y China para finiquitar la deslactosada “guerra comercial” de Trump, el presidente de EU se ha reenergizado con el final feliz del alucinógeno Rusiagate, cuyo corolario en México fue la hilarante y delirante “trama rusa”.

El mandarín Xi llegaría a su planeada cumbre con Trump en cuatro semanas con un triunfo regional de impacto global: su acercamiento con Europa y la incrustación de Italia a las tres rutas de la seda, mientras Trump se despoja de la lápida doméstica del Rusiagate que le permite suspirar por su reelección y empujar su pugnaz agenda tanto contra Irán, para beneficiar a Israel, como contra los débiles del planeta: desde los mexicanos hasta los palestinos.

Son niveles diferentes cuando nada se asemeja a la confrontación nuclear donde Trump hizo una declaración inesperada, en presencia del vice primer ministro chino Liu He, que apela a un G3 nuclear de EU con Rusia y China: “Entre Rusia, China y nosotros, estamos dilapidando miles de millones de dólares en armas, incluyendo las nucleares, lo cual es ridículo (sic)”. Agregó: “Pienso que es mucho mejor si nos arreglamos y no fabricamos esas armas. Esos tres (sic) países, pienso, pueden juntarse y frenar el dispendio y así gastar en cosas que son más productivas hacia una paz de largo plazo”. El vice primer ministro Liu He festejó la propuesta de Trump como una “muy buena idea”.

Llama la atención que Sputnik diera a conocer la sorprendente declaración de Trump, frente al silencio estruendoso de los multimedia de Occidente, y recalca su comentario sobre la “responsabilidad global (sic) de Washington y Beijing” cuando el acuerdo comercial de China y EU sería una “cosa (sic) tremenda para el mundo”.

Esa es justamente la cosmogonía del mandarín Xi, quien envió una carta a Trump sobre la necesidad de preservar la “estabilidad estratégica global” que rebasa el vulgar reduccionismo comercial y pone en tela de juicio el proteccionismo unilateral.

Llamó aún más la atención el título de Russia Today sobre la aprobación de China a la declaración pacifista de Trump.

La propuesta de Trump suena muy atractiva para los genuinos pacifistas y los abolicionistas de las letales armas nucleares: invertir en la paz en lugar de gastar en armas.

El grave escollo radica en los intereses del complejo militar industrial de EU, que si bien acepta a regañadientes el ascenso geoestratégico y militar de Rusia y China –que mantienen una “asociación estratégica” cuya envergadura y alcances secretos se desconocen, pero se infieren– no se ve cómo acepte un recorte del gasto militar nuclear sin que afecte sus ganancias misántropas.

¿Qué le habrá querido decir entre líneas el mandarín Xi en su carta a Trump sobre la “estabilidad estratégica global”?
¿Habrá insinuado Xi un mayor acercamiento con Rusia para defenderse de las jeremiadas bélicas de Trump?
Tres días antes a la pasmosa declaración pacifista de Trump, el mandarín Xi había exhortado públicamente a EU a colaborar con China “para ayudar a estabilizar y a reducir la incertidumbre en los asuntos globales” de las que forman parte las negociaciones para finiquitar la “guerra comercial” que propinó Trump a China: “Como grandes países, nuestra relación uno con el otro pueden tener un gran impacto en la estabilidad estratégica global y todos debemos apuntalar nuestras responsabilidades especiales con el mundo”.

Trump y el mandarín Xi coinciden sobre su “responsabilidad global”, pero asombra mucho más que el presidente de EU exhorte a un “G3 nuclear” con Rusia y China.

Trump acepta tácitamente la “estabilidad estratégica global” que propone el mandarín Xi, mientras Rusia toma nota, sin oponerse.

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