Las terapias esotéricas de Trump, para lidiar con la pandemia, lo tienen arrinconado. Pero tampoco hay que subestimarlo cuando le quedan varios ases bajo la manga de aquí al 3 de noviembre.

Los estrategas del Partido Republicano y el connotado politólogo Walter Russell Mead consideran que la “mejor apuesta de Trump para su reelección es irse contra China”, al menos, retóricamente.

Durante la guerra de precios entre su aliado Arabia Saudita y Rusia, las medidas contradictorias que tomó Trump, más bien, su yerno talmúdico Jared Kushner, quien maneja abultada e ineficientemente la triple agenda de: Arabia Saudita/Medio Oriente, México, y el combate al Covid-19, resultaron contraproducentes y pusieron en agonía a la industria del petróleo/gas lutita (shale oil/gas) de EU cuya viabilidad es artificialmente sostenida por Wall Street.

Los 38 votos electorales del estado petrolero de Texas –segundo con el mayor PIB de EU, después de California–, sumados de la demografía mexicana, son demasiado importantes para que Trump los descuide sin rescatar a la industria del petróleo/gas lutita.

Se desprenden dos hipótesis operativas: La del célebre Scott Ritter, que vislumbra una guerra de EU contra Irán para elevar el precio del barril a niveles donde sea viable la extracción del petróleo/gas lutita, entre 40 y 60 dólares el barril; y la de un servidor que contempla una teatral tensión paroxística sin llegar a la guerra.

Scott Ritter, anterior espía de los marines e inspector de la ONU durante la guerra del golfo quien desmintió la posesión de “armas de destrucción masiva” por Iraq, adujo que “en tiempo de la pandemia, EU se prepara para la guerra” cuando “la debilidad (sic) de Irán es gravemente exagerada”.

Mas allá de la vulgar “propaganda de guerra”, Scott Ritter comentó que “Irán está preparada para defenderse” y “cualquier movimiento de EU podría ser un pésimo cálculo con resultados devastadores”.

Scott Ritter refiere que el hoy secretario de Estado Mike Pompeo, exdirector de la CIA y “evangelista sionista” que defiende más los intereses de Israel que los de EU, y Robert O´Brien, consejero de Seguridad Nacional, pugnan por una guerra contra Irán y su “cambio de régimen” cuando alucinan que las sanciones y la “máxima presión de EU” han desangrado al país persa.

Un operativo de EU contra las milicias chiítas en Iraq, apoyadas por Teherán, pudiera ser el atractivo fatal para aniquilar a Irán.

En contraste, el comandante en Iraq, Tte. Gral. Robert White, quien sí sabe de teatros de guerra, emitió una brutal advertencia para no desviarse de los objetivos primarios de EU en Iraq.

A diferencia de los aburridos blufs de Trump y Pompeo, los iraníes todavía no se emplean a fondo con sus nuevos misiles furtivos y sus novedades tecnológicas como su satélite militar Nur-1.

Scott Ritter arguye que una nueva guerra de EU en Iraq para atraer a Irán sería una “carnicería para todos” que, a mi juicio, el misticismo chiíta está dispuesto a tolerar, a diferencia de la sociedad hedonista de EU que castigaría a Trump en las urnas funerarias y electorales.

Solo bastaron las amenazas de Trump de represalias por un supuesto amago de embarcaciones iraníes en el golfo Pérsico –que según la prensa iraní ni siquiera existieron más que en la imaginación de EU– para repuntar en 20 dólares el barril y romper su letal espiral negativa, en medio de la hazaña tecnológica del país persa de haber irrumpido en la élite del Club Espacial de 10 países con la colocación en órbita de su satélite militar Nur-1.

Ni a EU ni a Irán les conviene una guerra. Las posturas son prístinas: EU se encuentra a la ofensiva en el golfo Pérsico, mientras Irán se ubica a la defensiva.

A EU e Irán les conviene más una tensión paroxística de corte teatral/hollywoodense en el golfo Pérsico para elevar geopolíticamente el precio del barril: uno de “Los cinco precios del petróleo”.

https://www.facebook.com/AlfredoJalife https://vk.com/alfredojalifeoficial 

Comentarios