Arden 40 ciudades en EU, que vive su “segunda guerra civil multifactorial”, a la que se agrega el homicidio de George Floyd, mientras el atribulado Trump, quien así, como puede perder puede ganar con dos escenarios: el “rinoceronte gris” y el “momento Nixon”; el presidente de EU no ceja su cerco contra China, cuya electorera inculpación pandémica considera le puede redituar dividendos de aquí al 3 de noviembre.

La cumbre del disfuncional G-7, que le toca apadrinar este año a EU, ha sido aprovechada por Trump para avanzar su agenda ya nada subrepticia de coquetear con Rusia, para conformar un G-2 contra China, de acuerdo al esquema geoestratégico de Henry Kissinger, de 97 años.

Ahora Trump desea ir más allá del caduco G-7 y propone invitar a Rusia –a quien nunca ha dejado de respetar como superpotencia–, además de sus dos aliados, Australia y Sur Corea, y a una India perplejamente dubitativa, lo que en suma estaría creando un G-11 contra China, como lo bautiza el portal chino SCMP, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba.

El G-7 fue una creación conceptual en 1975, en pleno auge de la alianza noratlántica, del entonces presidente galo Valéry Giscard d´Estaing, quien curiosamente nació en Coblenza, Alemania.

Luego con sus consabidas mañas, Bill Clinton, después del colapso de la URSS, invitó en forma pérfida a su cándido homólogo Boris Yeltsin para que Rusia formase parte adicional como un G-8, que, en realidad, era un G-7.5 ya que Moscú nunca fue admitida en forma humillante en sus trascendentales conclaves financieristas.

Ulteriormente, Obama, quien cometió uno de los peores errores estratégicos en la historia de EU al haber empujado a Rusia a los brazos de China, expulsó con la mano en la cintura en 2014 a Moscú del formato G-8 debido a la anexión de Crimea.

Según The Economic Times de India, la temeraria propuesta de Trump “exasperó a China”. Beijing comentó que tal propuesta estaba “condenada al fracaso”, además de ser “impopular.

El rotativo indio comentó que “Trump está también empujando para desacoplar a China de las cadenas de suministro globales que pudieran perjudicar” a Beijing en el largo plazo.

El portal oficioso chino Global Times recuerda en referencia a la estrategia Indo-Pacifico resultó un fracaso al no poder seducir a India.

La aceptación de Australia y Sur Corea es más bien ritualista, mientras que muy hábilmente la canciller alemana Ángela Merkel informó que no asistiría a la cumbre debido a la pandemia; curiosamente Alemania ha sido uno de los principales países en haber lidiado exitosamente con ella, lo cual ha resucitado a su canciller de su inopia popular.

A juicio de Ni Feng, director del Instituto de Estudios Americanos en la prestigiosa Academia China de Ciencias Sociales, comentó que “la intención es simple: aislar a China” y agregó que “es justo el inicio, ya que seguirán más medidas de contención”.

Wang Wen, decano del Instituto Chongyang en la Universidad Renmin, argumentó que sería imposible para EU formar una “línea frontal de guerra fría global contra China” cuando “otros países no desean tomar partido entre China y EU”: “es una fantasía de Washington que pueda formar una alianza contra China”.

Wu Xinbo, de la Universidad de Fudan, adujo que la idea de crear una “cuña entre Rusia y China era un pensamiento ilusorio”.

Gran Bretaña y Canadá se oponen furibundamente al regreso de Rusia al G-7, mientras Trump conversó por teléfono con el zar Vlady Putin para invitarlo a la Cumbre.

La presencia de Rusia es más trascendental, dicho sea con respeto, que el restante de los nueve países debido a su estatura geoestratégica de superpotencia militar, lo cual no significa que tenga que romper su “asociación estratégica” con China cuando el destino multidimensional de ambos se ha vuelto complementario.

Más vale que Trump no se haga ilusiones con el esquema kissingeriano de un G-2 de EU y Rusia contra China.

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