Hace dos años advertí que “el pueblo kurdo puede volver a ser sacrificado en el altar de la geopolítica internacional como sucedió en el Tratado de Sèvres de 1920.

Dos años después de la temeraria balcanización del hoy primer atribulado Bibi Netanyahu se ha revertido cuando ha dejado aislado a Israel que apoyaba la secesión del Kurdistán para desestabilizar a Irán y Turquía.

La prensa iraní le ha dado mucho vuelo a una serie de artículos del rotativo Haaretz, cercano al partido laborista de oposición y crítico de su primer alicaído: “Netanyahu queda como un jinete solitario del tigre de papel (sic) Trump después de la traición a los kurdos sirios”.

Chemi Shalev (CS) del Haaretz, arguye que la “temeraria apuesta del primer (israelí) en un desvergonzado presidente de EU se despliega ante los ojos perplejos de Israel”.

CS exagera ya que Netanyahu, gracias al talmúdico Jared Kushner, extrajo el máximo de concesiones a EU: la anexión de los altos del Golán en el sur de Siria y la transferencia de la embajada de EU a Jerusalén, mientras la prometida anexión del Valle del Río Jordán queda en el aire. Las extracciones y sustracciones tienen también sus límites.

En Israel no entienden el nuevo condominio operativo de EU y Rusia en el Medio – Oriente, que sustituye al caduco acuerdo británico-galo Sykes-Picot de hace 103 años.

El más popular periódico israelí Yedioth Ahronoth comenta que “Trump abandona a sus aliados sin pestañear e Israel es susceptible de ser el próximo”.

El analista turco Serkan Demirtas expone la oposición conjunta de EU y Rusia a la condena de Francia y Gran Bretaña, en el consejo de seguridad de la ONU, a la invasión turca en el norte de Siria ocupado por los kurdos.

Ante las feroces críticas europeas, en particular de Francia y Alemania, el canciller turco Mevlüt Çavuşoğlu denunció a Francia de intentar desintegrar a Siria como lo hizo en Iraq.

Varios países vecinos y lejanos intentan balcanizar a Siria cuando Israel ya se llevó su tajada en las alturas del Golán en el sur sirio y Turquía, que ha incursionado varias veces, apoya a los rebeldes sirios, opositores al gobierno central de Bashar al Assad, en la estratégica provincia de Idlib (6 mil 97 km con 3 millones de habitantes).

La prensa occidental, incluyendo al partido Republicano y a los evangelistas –ambos aliados de Trump–, está ganando la batalla de la (des)información a favor de los kurdos, por lo que a Turquía le urge acelerar su operativo antes de que intervengan en forma decisiva Trump y Putin: los únicos que pueden frenar al sultán neo-otomano Erdogán que busca quedarse con el liderazgo huérfano del sunnismo (mínimo 80 por ciento de los 1 mil 800 millones de musulmanes en el mundo).

Además de desvincular al 19 por ciento de kurdos (en el sudeste de Turquía) de sus correligionarios kurdos sirios, lo que busca el sultán neo-otomano Erdogan es crear un territorio amortiguador de 30 kilómetros de profundidad, hoy en manos kurdas, con el fin de instalar a 3 millones de refugiados sunnitas que han desestabilizado el equilibrio doméstico de Ankara.

Un grave problema radica en los 11mil yihadistas encarcelados por los kurdos sirios que han empezado a fugarse y pueden inundar Europa.

El traslado de 3 millones de refugiados sirios sunnitas de Turquía y el repliegue de los kurdos sirios tendrá severas reverberaciones en la cartografía adyacente a Siria, donde no hay que eliminar la hipotética fusión de la estratégica provincia de Idlib, todavía en manos de los rebeldes sunnitas apoyados por Ankara, con los refugiados sirios del mismo grupo provenientes de Turquía y que podrían esparcirse al oeste del río Éufrates: desde Al Raqa hasta Deir-ez-Zor, pletórico en
hidrocarburos.

Un escenario consiste en la quizá tardía reconciliación del gobierno central de Bashar al Assad con los secesionistas kurdos, siempre y cuando pospongan su elusiva “independencia”.

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