La banalidad del mal, el texto clásico de Hannah Arendt, cobra actualidad en los tiempos de oscuridad que vive el municipio de Tulancingo, cuando se espera que libertad y política permitan que el ciudadano despliegue su capacidad para iniciar, una nueva vida, una nueva idea de la cultura, del lenguaje, de la civilidad, en la que la política permita acciones que formulen nuevos comienzos, la sociedad, los ciudadanos se encuentran con criminales políticos, ocultos en el poder del gobierno, que asesinan la esperanza, la democracia, encarnando y defiendo la idea de que “todo es posible”, de que no hay límites, morales ni de otro tipo, es el régimen del terror, al que no le importa el mal que pueda provocar, el desmoronamiento de la legalidad, la razón o el respeto. Es un poder oculto, que asume los rasgos de la muerte como el núcleo secreto de su fuerza; esta tiranía busca el poder absoluto, eso explica su ejercicio de demolición, de destrucción. La intimidación desde el poder tiene un (entre varios) mensaje(s): que el candidato que legítimamente obtuvo la victoria, Damián Sosa Castelán, abandone la lucha y su voluntad de enfrentar el desplome de la economía y el empleo, la alarmante inseguridad, y la corrupción del gobierno municipal y estatal. Damián Sosa, está comprometido con un proyecto de transformación con objetivos sociales, que permitan el progreso, el bienestar, el estímulo a las inversiones, encabezar la lucha por la pluralidad, el respeto a la diversidad. Damián, como un liberal profundo y respetuoso, cree en los muchos, en vez de en el uno. Por eso enfrenta todas las resistencias, lo persigue el espíritu de la censura, la intolerancia y la difamación. Esta tríada queda expresada en la postura asumida por la presidenta del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo Guillermina Vázquez Benítez, quien, enfática, reconoce que “se hallaron graves inconsistencias… documentando, certificando y ordenando las vistas de diversas irregularidades a las autoridades competentes (incluida la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales). La presidenta condena “todo acto contrario a la legalidad”.

¿Por qué desde los sótanos, desde los calabozos, desde los subterráneos del poder, se pretende destruir el legítimo triunfo de Damián Sosa? Los políticos, los tiranos, hundidos en sus pobres aspiraciones y el deseo de dinero, han envenenado el proceso electoral y malherido la política. Los mandatarios supremos se han burlado, han insultado a la justicia, a los Derechos Humanos, a los ciudadanos. Ese cuerpo primitivo de serviles, han defraudado, una vez más, la voluntad democrática del municipio, pretenden hacer fraude con el despertar social, con la voluntad ciudadana, donde ha fraguado firme, la palabra libertad y democracia. Ciudadanos que reclaman justicia y legalidad han reaccionado contra el edificio oscuro y sus raíces, contra los políticos perversos. No podrán anular el triunfo de la ley y el derecho. En Tulancingo, no hay espacio para el fracaso, sus ciudadanos luchan por recuperar su mundo y su libertad. Es el momento de cambiar la historia, de dejar atrás las décadas terribles de explotación, de corrupción y delincuencia, de injusticia y de pobreza.

Los ciudadanos de Tulancingo parten de un principio básico: el silencio nunca es alternativa, para levantar su voz informada y crítica, con ella han escrito que la libertad es el derecho de decir y elegir lo que la gente quiere, Es un llamado a la indignación, a demostrar que la corrupción puede conducir al desgaste del recurso más importante que tiene una sociedad democrática: su legitimidad. Un gobierno corrupto, como el que actuó en Tulancingo, provoca una pérdida en el capital social de los individuos. Un gobierno corrupto, provoca turbulencias políticas, enojo y reclamo social, violencia y declive en la calidad de la democracia. La corrupción expresa orfandad de ideas, de programa; la confusión, la incertidumbre, nacida de esta, debe combatirse con un proyecto político que reconozca una distribución de libertades y recursos que se ajusten a la premisa fundamental de que todas las personas merecen igual consideración y respeto. Se trata de defender y valorar lo que hace posible que haya elecciones libres y equitativas: la legalidad, el derecho, la transparencia, el respeto a la ley, el diálogo que nace del disenso y la deliberación, son ellos, el único camino para construir instituciones democráticas. En esta difícil defensa de la democracia, Damián se encuentra entre el yo y el tú, siempre en diálogo; Con ese espíritu, se convierte en la voz de la paz, el respeto a la civilidad y a la legalidad.

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