Si bien la inconformidad social contra el Tuzobús disminuyó luego de un año de operación, el problema sigue latente, no se ha ido a otro lado ni ha desaparecido. La actual administración cambió su postura respecto al sistema de transporte, y lejos de la intransigencia del gobierno anterior, abrió la posibilidad de corregirlo. Desde que asumió el cargo, Omar Fayad advirtió que analizaría modificar radicalmente la primera troncal del Tuzobús o incluso desaparecerlo si es necesario. Canceló casi de inmediato la segunda parte del proyecto, que correría por un eje transversal a la actual troncal. Hoy, cuando faltaban unos días para llegar al segundo mes de la nueva administración, el gobernador anunció que habrá una consulta ciudadana para analizar qué cambios podrían hacerse al sistema de transporte. Adelantó que ya hay tres opciones posibles: quitarlo, corregir “detalles” o cambiar el Tuzobús de un bus rapid transit (BRT) a un bus rapid service (BRS). Esta última opción, advirtió ayer el gobernador en entrevista, implica una gran inversión, de unos 900 millones de pesos, lo cual no puede costear en este momento el gobierno estatal. Pero, y aquí lo interesante, el gobierno pretende, antes de tomar cualquier decisión, preguntar a las y los usuarios, a quienes sufren el Tuzobús, qué es lo que ven, qué le corregirían al transporte. Esto es peligroso porque, si bien el usuario tiene la experiencia de padecerlo, la modificación de un sistema de transporte tan grande requiere primero un estudio técnico. Es un tema difícil para el gobierno estatal y la decisión que se tome deberá ser en extremo sustentada. La gente que usa el transporte público aún está muy sensible y cometer otro error sería imperdonable. Más vale que el actual gobierno se tome su tiempo y presente un proyecto que beneficie a quien debe moverse por la capital del estado, una ciudad que cada vez crece y se expande más. Aún es tiempo de evitar que colapse. De filón. Y hablando de problemas urbanos, la alcaldesa Yolanda Tellería Beltrán reveló que en la recta final de la administración pasada se liberaron licencias de construcción de fraccionamientos. Otra tradición mexicana: heredar los problemas al de atrás. Con la ciudadanía de por medio, por supuesto.

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