Árbol que nace torcido, jamás su rama endereza. El popular adagio encaja perfecto en lo que parece que se ha convertido el Tuzobús para el gobierno de Omar Fayad, un barril sin fondo. El sistema de transporte masivo ha sido un verdadero dolor de muelas para las finanzas estatales. Su nula planeación ha dejado no solo pérdidas económicas, también una impune estela de corrupción que corre por el bulevar capitalino Felipe Ángeles. Al comparecer ayer en el Congreso del estado, el secretario de Movilidad y Transporte José Luis Guevara Muñoz reconoció que el Tuzobús opera con un déficit mensual de 2 millones de pesos. Durante la contingencia se han invertido al menos 30 millones, pero el naufragio continúa. Ese dinero, en todo caso sería oro molido para paliar las deficiencias del sistema estatal de salud en el marco de la pandemia. El panorama se agudiza, pues el sistema opera en estos momentos entre un 30 y 40 por ciento de su capacidad debido a que disminuyó la demanda por la emergencia sanitaria. Pero el daño está hecho, parece que no hay forma de revertir esa pesada loza. La poca movilidad de usuarios en la troncal, las malas administraciones, el deficiente servicio que ofrece y el uso frecuente del automóvil en la ruta norte-sur de Pachuca, convierten al Tuzobús en un modelo irrentable. Después de cinco años, sigue siendo el hijo malquerido del gobierno, no camina y, peor aún, se aprecian signos de atrofia. Por el bien de las finanzas estatales, es hora de que el gobierno saque las manos y deje a los empresarios que aprendan a nadar sin salvavidas. De filón. Siete municipios siguen atorados en sus cómputos electorales, entre ellos Pachuca, mientras que en las oficinas de Colosio #2013 los tricolores echan mano del escapulario.

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