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Nadie puede dudar que desde hace mucho tiempo la ciencia y la tecnología se han insertado en las condiciones ineludibles de la vida, de tal suerte, que en la actualidad son indispensables en toda sociedad, aunque quisiéramos, no podríamos vivir ya sin ellas.
La ciencia y la tecnología, hoy en procesos simbióticos e interdependientes, son resultado del proceso académico y de la investigación, cuyos espacios de realización y creación son las universidades y centros de investigación.
En ese contexto, las universidades públicas tienen la responsabilidad histórica de garantizar el acceso a los jóvenes de escasos recursos a una formación creativa, crítica, analítica y disruptiva con un sentido social, no mercantilista ni espurio, que atente contra los derechos humanos, sino por el contrario, en defensa de los valores sociales y de la integración nacional, pero con plena libertad y responsabilidad.
Regatear los recursos financieros a las universidades públicas, provenientes de todos los mexicanos, a través de nuestros impuestos, es atentar contra el sentido democrático de la nación.
México, al igual que todas las naciones logrará su crecimiento económico y su inserción competitiva en los mercados globales siempre y cuando todos sus jóvenes logren ser profesionistas de alta calidad, con el fin de participar en los procesos económicos, agregando más conocimientos a los bienes y servicios, lo que algunos conocen como más valor agregado, con esquemas ambientalmente sustentables, con mínimos impactos en el cambio climático, a través de una economía circular y digital.
Esa perspectiva primaria se logrará siempre y cuando se cuente con una política laboral, no limitada a la numeralia de más empleos,que se ahogan en la precarización salarial, sino que se dé cumplimiento a los preceptos de un salario digno y un empleo decente, facilitando la movilidad social, porque si no hay competitividad social, entiéndase eliminación de la desigualdad y de la pobreza, en paralelo a la competitividad económica, no habrá desarrollo ni democracia.
En la etapa actual, los mexicanos padecemos la delincuencia descontrolada y la corrupción se enarbola como garantía de la impunidad, situación que nos ubica en la antesala de la barbarie.
El conocimiento científico y tecnológico es la principal riqueza de las sociedades contemporáneas, se han convertido en elementos indispensables para impulsar el desarrollo económico y sobre todo social, su importancia por sus efectos se sitúan por encima de la inversión extrajera directa y de la llegada de las empresas trasnacionales, las cuales sino propician derramas tecnológicas y transferencia de conocimientos, su participación se traduce en depredación de nuestros recursos naturales, explotación de nuestra mano de obra barata y en el dominio de nuestros mercados estratégicos.
A esas corporaciones trasnacionales, los organismos públicos en sus tres órdenes de gobierno, sí les dan, sin regateo, todo lo que piden, facilidades para establecerse, como obras de infraestructura con dinero público para que puedan operan sin problema alguno.
Las naciones que han dado el salto en materia de una economía en crecimiento, son aquellas que han logrado que sus empresas, sobre todo las mipymes, ocupen competitivamente un lugar en las cadenas de valor globales, es porque los términos de intercambio les favorecen, lo cual es posible porque cuentan con el soporte de la investigación y desarrollo científico-tecnológico de sus universidades, las cuales cuentan con el apoyo financiero y de gestión de políticas públicas activas.
Solo así las estructuras productivas de esas naciones han podido recuperar y desarrollar en escalamiento su productividad y ganar mercados, fortaleciendo la generación de empleos con salarios dignos, logrando con ello una respuesta socialmente cohesionada ante los severos desafíos que la economía global hoy impone.
En México hay talento e Hidalgo no es la excepción, mucho menos la UAEH, es la primera y hasta el momento la única universidad que está inserta en un proyecto aeroespacial en la NASA, como lo mencionamos en nuestra entrega anterior.
La UAEH es una institución de calidad por su desempeño e instalaciones, realiza 90 por ciento de la investigación del estado, sus investigadores y docentes buscan afanosamente ser mejores en cada ciclo académico, dada su permanente capacitación, garantizando la formación de calidad de más de 50 mil estudiantes.
Desafortunadamente el país, y por ende Hidalgo, lastran desde hace décadas la falta de recursos en ciencia, tecnología e innovación, los fondos para investigación son cada vez menores, ensanchando aún más la brecha tecnológica, entre las empresas mexicanas e hidalguenses, frente a la fortaleza tecnológica de las trasnacionales.
La pregunta ¿lo acordado en la reciente revisión contractual de la UAEH es suficiente? No obstante, la UAEH no elude, ni eludirá su compromiso social. ¿No lo cree usted?

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