El libro de la semana

Este trabajo es un video documental resultado de una investigación regional sobre la música y las danzas en la Huasteca en el Mijkailuitl o Xantoloque que realizaron María Eugenia Jurado y Andrea Marichal. Contiene un texto en náhuatl y español para referirse al Xantolo-el retorno de los muertos.
El Xantolo es una celebración sincrética que se efectúa en la Huasteca hidalguense, ésta limita al norte con San Luis Potosí y Veracruz, al sur con Calnali, al este con Veracruz, y al oeste con Tlanchinol. Los municipios que concentran la mayor cantidad de población indígena nahua son: Atlapexco, Yahualica, Huautla, Huazalingo, Orizatlán, Jaltocán, Xochiatipan y Huejutla, lugares donde contrastan los valles y montañas con la pobreza y la marginación.
Tradicionalmente se efectúa entre el 29 de octubre y 2 de noviembre, cuando concluye la celebración; sin embargo esta fiesta inicia semanas antes con la compra de los enseres y alimentos para la preparación de las ofrendas y los altares.
“A lo lejos se escucha la música llamando a los jóvenes a tomar el atuendo de los antepasados. La concha de tortuga, las trompetas, la jarana huapanguera, violín, arpa y media jarana elevan su voz para hacerse escuchar y mostrar al mundo y al resto de los mexicanos que en este país hay otros rostros, otras formas de vivir, otras creencias, otras formas de mirar al mundo, la vida y la misma muerte.”
Las autoras describen que en la Huasteca, “…nosotros los nahuas recibimos a nuestros difuntos durante la celebración del Xantolo, también llamada Xantoloxóchitl, ya que recibimos el alma de nuestros antepasados: Mijkailuitl es el tonallí y xochitl, es la flor del alma.
“La fiesta de Mijkailuitl es producto de dos tradiciones: la española y la de los pueblos antiguos de la Huasteca. Esta fiesta formaba parte del ciclo productivo y ceremonial del maíz, por lo que los evangelizadores hicieron coincidir la celebración cristiana del Sanctórum con el zintlkuas, ceremonia de la cosecha del maíz, que se sigue practicando en estas fechas.”
María Eugenia Jurado y Andrea Marichal narran que en la Huasteca la música y la neblina son intermediarias entre la tierra y el cielo. Las inmensas sierras y los valles poseen una vegetación llena de colorido; en contraste con este hermoso paisaje, la población indígena sufre desnutrición, muerte infantil, hacinamiento y la necesidad de emigrar para buscar un salario raquítico.
El Xantolo se convierte en uno de los pocos momentos de abundancia frente a la realidad cotidiana de pobreza y marginación, convocando a los migrantes con alforjas de esperanza y un poco más de recursos para asegurar a sus muertos una ofrenda digna, llena de alimentos.
Los recuerdos y la comida favorita del difunto se hacen presentes con la preparación de ellos. Así llega el día en que ha de realizarse la preparación del altar; las flores de cempasúchil se preparan como parte del adorno principal. Esta flor de color amarillo y peculiar olor es la que le da el sentido místico al santuario mortuorio, además de los otros elementos que lo completan: primero un gran arco, sobre él se colocan las flores de cempasúchil y de esta misma flor se separan los pétalos que son colocados a manera de sendero amarillo desde el altar hasta el acceso de la vivienda.
Por niveles se van colocando el mole, el agua bendita, las frutas de horno, la calabaza, los amarros de panela en pequeño para los niños difuntos. No faltan las flores de diferente tipo. Se colocan las fotografías de los difuntos alrededor de la imagen mística de la que fueron devotos, se disponen los panes caseros sin faltar las veladoras o ceras por cada difunto.
Comerciantes e indígenas se preparan para ofrecer en los mercados locales los productos necesarios para la ofrenda, ya que todo lo que ésta contenga debe ser nuevo para gustar a los difuntos, así que para esas épocas se encontrarán máscaras, cómitl, cocohuilos, juguetitos, incensarios y un sinfín de artículos de alfarería. En el domingo grande se compran las flores y las palmillas que adornarán los arcos, las frutas, las velas, galletitas y dulces de piloncillo que serán ofrendados a los “angelitos”. También los condimentos de los tamales y bebidas embriagantes para recibir a los difuntos.
Se inicia la celebración con el canto del caracol llamando a los jóvenes y también los rítmicos sonidos que acompañan las letanías en lengua indígena con la concha de tortuga. El sonido de las trompetas, la jarana huapanguera, violín, arpa y la media jarana invaden el espacio místico dándole forma y sentido a la vida y a la muerte.
Fiesta, dolor y jolgorio se combinan para darle significado a esta ancestral celebración en las huastecas. El arpa para la danza de Montezon se interpreta frente al altar con el fin de dar la bienvenida a las almas de los difuntos pequeños conocidos también como angelitos o konemes, y sones especiales acompañados en algunas ocasiones por el bailable de la Malinche.
Continúa la fiesta con los enmascarados haciendo recuerdos de los sacrificios de la vida a los dolientes y, al ritmo de las danzas de huehues o viejos que vienen a visitar a sus parientes, se hace alusión a los antepasados acompañados por la jarana, violín o guapangera, o una banda de viento, algunos hombres vestidos de mujer y las máscaras de temas variados. Se tiene la creencia de que los antepasados ayudan a las buenas cosechas y además se llevan la enfermedad y las envidias a través de las barridas o limpias. Se interpretan sones huastecos, cumbias, polkas, entre otros géneros, en la primera parte; en la segunda hacen una teatralización de una danza conocida como “Los fuegos”, en la que se disfrazan de animales de su entorno haciendo bromas a los espectadores con un carácter lúdico y contenido sexual. También se realizan juegos donde un disfrazado es toreado hasta que es lazado y atado a un tronco, le sigue la teatralización del venado y así, acompañada por la música, la celebración del Xantolo continúa sin faltar la danza de “Los Matlachines”, hombres con atuendo y disfrazados con máscaras danzan rítmicamente apareciendo el Diablo con su tridente, además de la Muerte con su guadaña, después la danza de “Los cuanegros” representando al español y al negro que llegaron con la Conquista en la creencia de que ellos siempre trajeron guerra y peleaban por las doncellas ganando al final siempre el español.
Finaliza esta celebración con la Llorada del Hueso, acudiendo al panteón con las ofrendas para los vivos y los adornos para los muertos. Tres arcos conforman la aproximación al panteón: uno en el camino, otro en el panteón y otro en la tumba. Así se comparte la ofrenda con los muertos y finalmente un sacerdote oficia una misa y se reúnen músicos, danzantes y dolientes en una algarabía y la banda de viento toca hasta el final.
Sin duda, visitar la Huasteca en esta época será una experiencia inolvidable que permitirá exaltar los orígenes y principios históricos, revalorar las virtudes de las tradiciones, la biodiversidad, la cultura, el patrimonio étnico y las manifestaciones multiculturales enraizadas en nuestros pueblos.

Las autoras
María Eugenia Jurado y Andrea Marichal dejan en este documental un interesante testimonio de nuestra realidad cultural

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