Como si fuera un déjà vu, ayer escuchamos en un nuevo proceso electoral la propuesta de impulsar la refinería Miguel Hidalgo de Tula. Un planteamiento similar escuchamos en 2012, cuando tanto Andrés Manuel López Obrador como el actual presidente Enrique Peña Nieto buscaban la presidencia de la República. Aunque en ese tiempo aún se hablaba de construir la nueva refinería Bicentenario en Tula, el plan de fondo que proclamaban ambos candidatos era ampliar la capacidad de refinación para hacer que nuestro país dependiera en menor medida de las importaciones de petróleo. Hoy, en 2018, nuestra dependencia a la importación de gasolina sigue siendo un lastre y el alto precio de la gasolina es un dolor de cabeza para todos los mexicanos. Es decir, hoy la situación es igual o peor que hace seis años y ahora uno de los candidatos, Andrés Manuel López Obrador, propone no construir una nueva refinería sino ampliar la capacidad de la Miguel Hidalgo, que según el tabasqueño, trabaja a un 30 por ciento de su nivel máximo de producción. Como sea, el país ya no aguantaría otros seis años de posponer el rescate de las refinerías, puesto que el alza a los precios de los combustibles representa un dolor de cabeza no solo para el propietario de un automóvil, sino para la economía mexicana en su conjunto. De filón. A diferencia de hace seis años, la visita de López Obrador a Tula representó una demostración de fuerza que anticipa lo que podría venir en las urnas el próximo primero de julio. El país, durante la administración de Enrique Peña, cambió radicalmente. Y el enojo social ahora juega a favor del exjefe de Gobierno de la Ciudad de México.

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