Hace una semana ocurrió uno de los acontecimientos más memorables de los últimos años en materia deportiva. Con una institución tan desnaturalizada como la Femexfut no es difícil perder los estribos. Y para los silbantes, una de las profesiones más ingratas del mundo, las sanciones tibias por agresión a sus colegas fueron el acabose. En un hecho sin precedentes, los árbitros de la primera división de México decidieron no presentarse a sus respectivos compromisos, alegando que el respeto a su integridad física es un tema serio que debe ser reglamentado y castigado de manera ejemplar. Y lo lograron.
América se quedó sin un defensa y Toluca sin un delantero. Pablo Aguilar y Enrique Triverio no volverán a pisar el césped en un año, cuando las sanciones originales fueron de ocho y 10 partidos de suspensión respectivamente. Los verdaderos mandamases del terreno de juego se salieron con la suya y dieron una lección de unión y dignidad para todos los que amamos ver al balón rodar. Aunque no todos lo percibieron igual.
Ricardo Salinas Pliego, dueño de Televisión Azteca, arremetió contundentemente contra la protesta arbitral, argumentando que los afectados serían los aficionados al futbol. La actitud del empresario fue comparable a la de un niño que se enfada porque no puede salir a jugar en un día nublado. No puede haber espectáculo cuando las reglas no son respetadas, y menos cuando se violenta la posición del silbante como autoridad en el campo. Por su parte, jugadores como Jesús Corona decidieron responsabilizar a los réferis de sus actos, argumentando que sus modos no siempre son los correctos. Es innegable que pueda llegar a haber quienes usen el despotismo como arma, pero de eso a que la reacción por parte del jugador sea la violencia física –y ni siquiera la verbal debería ser tolerada– es muy distinto.
El futbol ha vuelto y todos celebramos la aparente conciliación entre el cuerpo arbitral, dueños y federativos. Los responsables del incidente que detonó la manifestación han sido sancionados y las exigencias primarias han sido cubiertas. ¿Qué sigue? Recordar, como hacemos semana a semana en este espacio, la esencia del futbol: la celebración de las diferencias, el goce de disputar un balón y la satisfacción de que, al final del día, podamos darnos la mano y decir “bien jugado”. Cada quien desde su posición, haciendo lo que le corresponde.

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