Concluyó el último debate presidencial y en el postdebate la conclusión era casi la misma: las preferencias electorales que miden las principales encuestas no se moverán. El encuentro de anoche entre los aspirantes a ocupar la silla presidencial fue la última oportunidad para sacudir el tablero que desde que comenzaron las precampañas no se ha movido demasiado. Durante el encuentro, el abanderado morenista Andrés Manuel López Obrador recibió ataques tanto del abanderado panista Ricardo Anaya, como del priista José Antonio Meade, ambos sin raspar al tabasqueño. También cruzaron acusaciones Meade y Anaya, la mayoría por asuntos de corrupción ampliamente difundidos y conocidos. Anaya aprovechó la atención masiva para tratar de contrarrestar el lodo que generó la difusión de un video que lo implicaría en aportaciones ilícitas para financiar su campaña. Pero no fue suficiente o al menos no le alcanza para subir puntos en pos de alcanzar al puntero. Tampoco Meade tendrá suficientes réditos como para alcanzar o rebasar el tercer lugar en el que lo colocan los principales ejercicios de consulta que se han difundido en los últimos meses. ¿Quiere decir esto que la elección ya está decidida? No, como lo expresó el deslucido candidato Jaime Rodríguez Calderón anoche, pues el verdadero ejercicio de consulta ciudadana se llevará a cabo el próximo domingo primero de julio. Por eso ni el propio López Obrador pronunció un discurso triunfalista anoche en Mérida, al concluir el debate. Falta contar en las urnas lo que dicen las encuestas. Nada está decidido aún. De filón. El gobernador Omar Fayad se había mantenido más o menos ajeno al proceso electoral, pero lo venció su protagonismo. Ya lo había hecho durante el discurso desafortunado que pronunció durante la última visita de su candidato José Meade, donde llamó descerebrado a todo aquel que no vote por su gallo priista, pero ayer lo volvió a hacer, pues criticó la propuesta de Anaya de crear una fiscalía que investigue al presidente de la República mediante un video difundido en redes sociales. Diría la máxima: ¿pero qué necesidad?

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