Conocí a Griselda Triana el 8 de diciembre del año pasado, en la entrega del Premio Nacional de Periodismo. No pude articular palabra al tenerla frente de mí, solamente le entregué ese diploma donde estaba impreso el nombre de su esposo, el periodista Javier Valdez, asesinado el 14 de mayo de 2017. Nos abrazamos tan fuerte y lloramos, lloramos tanto que mojamos nuestros hombros con cada lágrima de dolor, de impotencia, de rabia, pero también de esperanza.
Poco después nos sentamos juntas, charlamos de corazón a corazón. Nunca olvidaré sus palabras. “Me lo mataron, él no se murió, lo asesinaron y el dolor que esa certeza me provoca, siempre quebrantará mi alma. Yo jamás, jamás le pedí que dejara de escribir sobre los temas que denunciaba. Nunca se me ocurrió hacerlo, respetaba su compromiso pero sí le pedía que se fuera de Sinaloa, que aquí las cosas estaban muy feas. Lejos lo creía a salvo. Pero él nunca quiso irse. Todavía hoy que yo llego a la casa creo que ahí está, escribe y escribe. Ha sido tan difícil vivir sin él.” Y nuestras lágrimas brotaban otra vez, estas lágrimas que compartían su duelo, estas lágrimas que me contagiaban su fuerza, Griselda Triana es y sigue siendo una mujer muy fuerte.
Es así como la he visto ir a cada homenaje, conmoverse como siempre, pero a la vez levanta la voz para denunciar, para pedir justicia: “Si nosotros no tenemos paz, el gobierno tampoco merece tenerla”.
Hace unas semanas le escribí para reiterarle que cuenta conmigo, que me sumaba a este homenaje nacional que le queremos hacer a Javier Valdez. Que este mes de mayo cada estado de nuestro México tan herido iba a levantar otra vez el puño, evocaría el periodismo valiente que practicó su esposo, el ejemplo que nos sigue dando, la fuerza que nos sigue contagiando. 12 disparos nos quitaron a Javier, pero cientos de voces lo vuelven inmortal al recordarlo.
Javier Valdez escribió crónicas y reportajes donde denunciaba al crimen organizado. Fue corresponsal del periódico La Jornada y fundador del semanario RíoDoce. Publicó diversos libros donde profundizaba en los temas de narcotráfico en México. Dio voz a los mismos periodistas en su libro Narcoperiodismo, donde el miedo pero también la necedad de la denuncia siempre estuvieron latentes. Pese a las amenazas nunca dejó el oficio. Pese a reconocer el peligro nunca dejó de denunciar: “Nunca antes habíamos tenido una crisis de seguridad tal en el periodismo y ahora como nunca hay pocas condiciones para hacer nuestro trabajo, es como si hubiéramos descendido 50 escalones hacia el infierno”.
Esa tarde que charlé con Griselda Triana también me confío algo muy lindo: “Este cabrón ya provocó que mi corazón lata por él y por su compromiso. Mírame, ahora yo dando discursos, yo recibiendo sus reconocimientos, yo levantando el puño, tomando aire ahora para que con más fuerza que nunca se escuche mi voz, su voz, nuestra voz”.
Javier Valdez, un periodista que nos sigue inspirado. Javier Valdez, un año sin ti, pero sintiéndote más fuerte que nunca.

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