A finales del siglo XVIII, en la Nueva España, durante el gobierno del virrey Juan Vicente Güemes Pacheco, segundo conde de Revillagigedo (1789-1794), se inició una serie de reformas a la Ciudad de México que terminaría por convertirla en la ciudad de los palacios.

En esa reforma tuvo un papel relevante la Academia de San Carlos y, por supuesto, los maestros mayores nombrados por el ayuntamiento y el cabildo de la Catedral Metropolitana. José Damián Ortiz de Castro fue académico de mérito de la Real Academia de San Carlos, maestro mayor de la Ciudad de México y de la Catedral Metropolitana.

La designación de maestro mayor era otorgada por el virrey, debía ser aprobada por la Real Audiencia y tenía que ser confirmada por el rey, aunque eso no siempre sucedía debido a la lentitud con que se llevaba a cabo la comunicación con la metrópoli.

El cargo fue instituido en el siglo XVI, cuando el primer virrey don Antonio de Mendoza, al percatarse de la falta de arquitectos y obreros calificados, y de la gran cantidad de obras que debían construirse, recomendó a su sucesor, don Luis de Velasco, buscar dos o tres oficiales que se hicieran cargo de la supervisión de las obras en todo el territorio, así como de la corrección de las mismas, porque consideraba que eran muchos los errores que se habían cometido. Recomendó además que se les pagara bien, se les diera casa y vacaciones, puesto que más valía hacer ese gasto que enfrentar otros mayores por obras mal construidas. 1 La sugerencia fue aceptada por el nuevo virrey, quien nombró al arquitecto español Claudio de Arciniega, maestro mayor de las obras de cantería de la Nueva España. Sin embargo el cargo quedó instituido hasta el siglo XVII, cuando el virrey marqués de Cerralvo, Rodrigo Pacheco y Osorio, por decreto del 14 de diciembre de 1630, ordenó que “los maestros mayores de la obra de la Santa Iglesia en interín que dure la obra, se intitulen tales y tengan voto en todo como mayores”. 2 Esa designación posicionó a la Catedral Metropolitana como la obra más importante de la Nueva España y a sus maestros mayores como los arquitectos oficiales de la Nueva España. Eso significaba que contaban con la confianza del virrey y del arzobispo. 3 Su posición les permitió dictaminar sobre las obras que se construían, y fueron ellos quienes impusieron el estilo artístico que predominó en la ciudad.

Referencias 1. Cref. a Elizabeth Fuentes Rojas. La Academia de San Carlos y los constructores del neoclásico.

2. Martha Fernández. Arquitectura y gobierno virreinal. Los maestros mayores de la ciudad de México. Siglo XVII, pp. 49.

3. Martha Fernández. José Damián Ortiz de Castro. El maestro mayor de arquitectura, en Xavier Cortés Rocha, José Damián Ortiz de Castro. Maestro mayor de la Catedral de México, 1787-1793. pp. [email protected] [email protected]

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