En los últimos días he estado leyendo El arte de amar de Erich Fromm y desgraciadamente el panorama que presenta respecto al comportamiento humano es desolador. Ayer me encontré con un capítulo que hablaba de cómo una sociedad autómata jamás podrá encontrar el amor puro. Las palabrerías sobre el amor a veces me han parecido un tanto ridículas, considerando que el amor concebido, o más bien ejecutado en estos tiempos, es una idea de supervivencia social asociado con la obligatoriedad del acompañamiento, la huida a la soledad, una apariencia de la felicidad. Para ser precisos no he conocido a dos personas que amen con la pureza de la que habla este hombre. O no he conocido a la persona a quien amar por lo menos como lo establece este filósofo. Dice Fromm, que cuando conocemos a una persona que nos agrada y surge el apasionado enamoramiento es del mismo tamaño que la soledad anterior. Considerando que actualmente vivimos en una sociedad integrada por la constante soledad del individuo, deberíamos pensar, entonces, que el amor no existe. Es un constructo necesario para satisfacer un estar social, o una ridícula idea que masturba la mente para satisfacer el cuerpo. Y aun, en esos momentos de supuesto acompañamiento, la sensación de soledad se hace presente. En al automatismo de la posmodernidad ha corrompido la capacidad de relacionarnos con el otro. Sin embargo continuamos con la búsqueda.
¿Qué se supone que busca el ser humano? ¿La perpetuidad? ¿El legado? ¿Un sentido en la vida? ¿La felicidad? o ¿sentirse completo? Algunos dicen que la felicidad, otros el éxito, puesto que en ello está basado la realización humana y una serie de respuestas que han dado a lo largo de la historia de la humanidad, pero siguen sin tener un efecto real en el hombre
Erich responde a nuestro automatismo con esta cita:
“El hombre sufre porque necesita superar la separatividad, o sea, la soledad, a la que experimenta como angustiante, y el amor es la forma de afrontar la separatividad humana.”
Sin embargo los estándares del hombre civilizado son muy grandes. Los hombres pesantes de la Revolución francesa justificaron su movimiento bajo tres preceptos que todo mundo pronuncia: libertad, fraternidad e igualdad. Qué demonios tendrían que ver estos conceptos con la idea suprema del amor, al parecer todo. La prueba es que todos los movimientos políticos han fracaso porque no ha sido sustancial el estudio y el ejercicio del amor. Sin embargo la economía capitalista ha sabido sacar buen provecho por el ideal amoroso que sí ha conducido a la sociedad por un caudal lleno de mentiras e hipocresía social. El que ama mucho lo prueba con regalos grandes y costosos que serán admirados por aquellos que menos tienen, entonces la planteada igualdad se cae. Vamos un poco más allá, ¿quién ha sido tan afortunado para casarse con una persona con la cual sintió una emoción única? Si somos sinceros lo hizo solo un valiente que seguramente tuvo que pagar una consecuencia social. Hablando del amor fraternal, ¿quién se atreve a sentir amor por todos los seres humanos? La verdad solo lo sentimos por aquellos amigos que nos sirven para alcanzar algún fin.
A qué vienen estas disertaciones sobre el amor, a quién le importa cuando ha cumplido con tener una novia (o), amigo (a) esposo (a) o amantes. La misión ha sido cumplida pero ¿la sensación ha sido satisfecha? Woody Allen en su película Vicky, Cristina, Barcelona dice “después de 2000 años de civilización el hombre no ha aprendido amar”. El personaje al que se le refiere este texto es un poeta que ha decidido quedarse mudo. El sacrificio del artista.
Ahora al fin llegamos al punto ¿para qué sirve el arte? Considero que ante la imposibilidad real de encontrarse con otro ser humano, el hombre ha creado el arte para encontrarse consigo mismo. Crea una abstracción de la realidad para así encontrarse con los otros. El acto de amor sublime solo lo he vivido por medio del arte. Pero la historia también habla de religiosos que dedicaron su vida a accionar el amor fraterno. En ambos casos podemos observar que hay un acto ritual de transformación. Esta coincidencia no es azarosa, ya que el acto del artista, el acto del religioso y el acto de los amantes requiere un concepto imprescindible “creer”. La fe, la convicción, son los actos transformadores del mundo, y para que esto suceda la voluntad debe ser contundente. Por lo tanto hay que preguntarnos, si el poco desarrollo de la cultura y de las bellas artes en ciertas ciudades tiene que ver con una incapacidad de creer, una incapacidad de amar, una capacidad de crear verdad.
Desgraciadamente el arte ha sido visto como un adorno de las ciudades o de las instituciones, lo cual transforma el acto artístico en un gran acto autómata. Inapreciable e inentendible como el amor.
Tal vez si ejercitáramos el acto amoroso con el aprendizaje de las artes viviríamos en una sociedad distinta. Los griegos lo sabían y lo hicieron.
Entonces después de tantos fracasos sociales, amorosos y culturales, por qué no intentar una conducta que integre en la vida
Disculpen mis disertaciones, pero mi corazón está rotito…

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