Estados Unidos (EU) ha sido un país que ha despuntado mundialmente en el desarrollo de la economía, las ciencias, la tecnología, el cine, entre otras áreas, que son mecanismos de difusión del miedo a través de historias que anuncian escenarios apocalípticos. Es decir, también es un gran promotor del terror. Por lo que hoy quiero hablar de una película muy simpática que en 2004 se volvió un mecanismo de defensa y de reflexión para las culturas involucradas en el tema desarrollado, hablo de Un día sin mexicanos de Alfonso Arau.

El director se burla del terror que puede causar la repentina ausencia de una comunidad por los problemas que podrían generarse en la economía, en la convivencia y en la operatividad de un país; quién se encargará de las acciones que los nobles norteamericanos no quieren hacer por sí mismos –servirse un vaso de agua, lavar su ropa, realizar las compras, etcétera–. Además de señalar los clichés del típico gringo californiano, se burla de los diversos arquetipos latinos existentes, haciendo una parodia de dos culturas en obligatoria convivencia.

La historia es muy sencilla, un día la población latina desaparece del estado de California, y al ocurrir la ausencia el sistema social y económico está a punto de colapsar. Por lo que estrategias científicas, políticas y alienígenas se ponen en marcha para dar explicación al fenómeno que solo afecta a los hispanos.

La película inicia con una descripción del odio sobre la raza y la ignorancia histórica del “americano original” en un comparativo sobre las diversas funciones que los latinos realizan en ese país, hasta penetrar en la transculturización del estado de California.

Como si fuera un cuento de Bradbury, se fotografía a dos culturas fusionadas que no se han dado cuenta que podrían dar un paso hacia un estado evolutivo, que inconscientemente viven en una guerra social que les da un extraño sentido existencial.

Bajo un lente fársico se hace un buen análisis sobre porcentajes, funciones, dinero y contribuciones culturales que realizan “estas personas”.

Una divertida “parodia” de la telenovela “pocha” narra esta anécdota en tono melodramático con situaciones ficcionales, absurdas e irónicas. Pero en el fondo, habla de un acostumbrado miedo del ciudadano norteamericano por ser invadido no solo por los latinos, o por los alienígenas, o por cualquier cosa. Una película que habla de una cultura que vive del miedo y si no existe razón alguna para sentirlo, encontrará una motivación para expresarlo. El miedo por el miedo reflejado en abuso, violencia y racismo.

Pero hay que ir más allá; estos tres conceptos también se contagian y se expresan en las personas negras, en el israelita, en el árabe, en el chino, en el pocho, etcétera.

Un divertido filme que invita no solo a una reflexión crítica, si no a la liberación de la risa por la gran encrucijada que representa el proceso migratorio en los seres humanos y la resistencia para aceptarlo.

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