Sin lugar a dudas, la división norte de la Conferencia Americana es la más ruda de toda la liga. En ella están tres de los equipos con los jugadores más rudos, pero a su vez más sucios del juego, para muestra, el partido del lunes pasado entre Cincinnati y Acereros, donde dos jugadores salieron en camilla producto de golpes desleales.
Pittsburgh es un equipo grande, eso nadie lo duda, seis anillos de Súper Tazón y una mística para ganar en los últimos minutos lo avalan, pero también es un equipo conocido por exagerar en la rudeza de sus jugadas y por ser responsable de que en los últimos años se endurezcan las sanciones por comportamientos que rayan en lo desleal, por ejemplo, la lesión a Carson Palmer que prohibió golpear a un QB en las rodillas y la fractura de mandíbula que propinó Hines Ward a Keith Rivers con el casco.
Yo soy de los que gusta de un juego rudo, con buenos golpes pero, tal y como lo veíamos hace unas semanas cuando hablamos sobre el problema de las consecuencias de los golpes, ¿hasta dónde es permisible este comportamiento, y más por parte de un equipo grande como lo es Pittsburgh? La manera en la que JuJu impactó a Burfict para después mofarse, denigra la institución y pone en peligro la vida de compañeros de profesión.
Pitts quizá no anda tan bien como sus números aparentan, sus victorias han sido parte de esa magia de la que hablábamos al respecto, pero es triste que, en lugar de estar hablando de sus posibilidades en postemporada, tengamos que exponer que tiene un lado oscuro que ha cobrado una víctima más con la lesión de Shazier, quien al intentar propinar un fuerte golpe, lastimó sus cervicales.
Esta semana hay dos juegos imperdibles, el choque entre Seahwaks-Jaguars, además del Filadelfia-Rams, será impresionante. Veamos si Carson Wentz logra que Filadelfia se levante de la derrota propinada por Seahawks, mientras que Russell Wilson enfrentará a la defensiva más férrea de la liga en busca de asegurar un lugar en playoffs.

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