Christopher Silvester, catedrático de historia en Peterhouse, Cambridge, durante más de diez años trabajó como periodista para Private Eye, pero también colaborador de importantes medios y es responsable de Las grandes entrevistas de la historia que comprende de 1859 a 1992.

Esta es una nueva parte y aparecen personajes en su libro recopilatorio en un lapso bastante amplio que persisten en la memoria, dejaron huella.

Ernest Hemingway (1889-1961), fue entrevistado por Milt Machlin. (Argosy, septiembre de 1958).

Escritor norteamericano que en 1954 fue galardonado con el Nobel de Literatura. Empezó su carrera como periodista durante la primera Guerra Mundial. Su primera novela Fiesta fue publicada en 1926; le siguieron otras más, muy conocidas y de alta calidad. Adiós a las armas, una historia de amor (1929). Fue corresponsal en España y surgió en el escenario de la guerra civil Por quién doblan las campanas. En 1951 se fue a vivir a Cuba y apareció El viejo y el mar, novela corta.

Su estilo era directo que prescindía de la puntuación convencional y rehuía la escritura elaborada. Pasó sus últimos años en Idaho y finalmente cayó presa de una enfermedad depresiva que lo llevó al suicidio. El periodista contó que su jefe le dijo que pasara por Cuba.

“En un santiamén me enfrenté a un gigantesco daiquiri en el bar Floridita de La Habana. La bebida se llamaba Papa’s Special porque había sido inventada por Hemingway.

” Finalmente Milt Machlin llegó a la casa del escritor: “Golpeé el marco de la puerta con autoridad. Resonó un ¿dolorido bramido?: ‘¿Qué demonios quiere?’ Le expliqué. ‘¿Para qué demonios piensa que me he venido a vivir aquí?’ Preguntó Papá, y sin más dilación respondió a su propia pregunta: ‘¡Para alejarme de malnacidos como usted!’” Pero al final lo convenció. Pasaron una tarde bebiendo y charlando. A Papá le gustaba beber y le gustaba charlar. Una condición: no publicar nada. Le preguntó sobre su colección de armas: “‘En primer lugar no colecciono armas. Tengo algunas armas con las que me gusta disparar. Adoro mi Springfield 30-06, pero no es buena idea tener armas en casa en tiempos como los que corren.

’ Descubrí que él jamás rompía promesas que hacía a sus amigos, e incluso a sus conocidos.

” Con fotógrafo regresó al día siguiente y lo convenció de que permitiera tomarle una imagen: “‘Antes le permitiría que me diera un puñetazo en la nariz’, dijo pero posó. ‘Fue el primero en las Bahamas en volver con un atún que no habían tocado los tiburones. ¡Qué demonios!’, Exclamó. ‘Traje los dos primeros. Hay que subirlos rápidamente al barco para mantener a los tiburones alejados. Si dejas que se cansen o pierdan movilidad, los tiburones los atacan’. No me contuve al inquirirle ¿Qué hay de Vasco de Quiroga, el que está allí? ¿Le molesta? Me refería al busto de Hemingway que tienen en el rincón de Papá en el Floridita.

‘Ya no voy por allí casi nunca. Estos mal nacidos no te dejan beber en paz. Ya no tengo intimidad. Mucha gente cree que la estatua es del señor Constante (el propietario). El señor Constante la hizo fundir aquí, en un lugar carretera abajo.

’” Margaret Thatcher (1925-2013). Entrevistada por Terry Coleman, (The Guardian, 2 de noviembre de 1971). Fue la primera mujer en ostentar el cargo de primer ministro en al Reino Unido (1979-1990). Durante la década de 1980 dominó la política británica y ejerció una considerable influencia internacional como defensora a ultranza de la economía de libre mercado, las privatizaciones y una política de defensa sin concesiones.

“Me reuní con ella en su despacho de la Cámara de los Comunes, y ella me preguntó: ‘¿Cuál es el objeto de este encuentro?’ Le dije que me gustaría escribir un perfil suyo, basado en una entrevista. Ella exclamó: ‘¡Oh, cielos, esas cosas resultan siempre terriblemente artificiales!’ Desde el año pasado es ministra de Educación y ha sufrido muy duros ataques. Así lo expresé. ‘Sí’, comenta, ‘me atrevería a decir que una cantidad injustificada de ellos. No obstante, creo en general que los epítetos dicen más de quien los pronuncia que de aquel a quien van dirigidos. ¿No diría usted lo mismo?’ “Aludí al pasado: ‘¿No había sido Disraeli quien había dicho en 1867, cuando se amplió el acceso a la educación, que deberíamos educar a nuestros maestros?’ “‘Por supuesto que hay que hacerlo’, dijo. ‘Nadie discute eso ni por un instante. Pero habría que educar a los niños tomando en consideración sus diferentes capacidades y no con la idea de que todos salgan iguales. Y es perfectamente correcto que uno tenga la oportunidad de enviar a sus hijos a colegios independientes’. También ripostó.

“‘Veamos’, dijo, ‘¿por qué se ceba conmigo mucho más que con mis predecesores? ¿Por qué, por qué? ¿Por qué lo hace?’, no creía que estaba haciéndolo. Así pues, le dije: ‘no tiene usted gran esperanza de que lo que escriba sea justo, ¿me equivoco?’ ‘No’, respondió.

“Y ella dijo que no veía cómo iba a poder escribir nada justo sobre ella después de pasar tan poco juntos”.

Mae West (1893-1980). Entrevistada por Charlotte Chandler. (The Ultimate Seduction). Norteamericana, West nació en Brooklyn, Nueva York. Actuó por primera vez en Broadway, en 1911. Hizo diez películas entre 1932 y 1943. Fue famosa por su mordacidad.

“Mae me tendió la mano. Al cogérsela, me arañé la palma de la mía con sus anillos de diamantes. Dándose cuenta de lo ocurrido, comentó con cierta indiferencia; ‘Son de talla antigua, muy afilados. Esos son los mejores. Míralos, son todos de verdad. Me los regalan mis admiradores’. Su mirada se posó en mis manos desnudas. ‘¡Oh, cielos, pobrecita mía! ¡Tú no tienes ninguno!’. Mae West llevaba tiempo sin conceder entrevistas. Cada vez que contestaba el teléfono, cosa que hacía muy infrecuentemente, fingía ser la doncella.

“No había olvidado la vida en la compañía de repertorio y su etapa de vodevil, cuando no tenía el menor control de su medio ambiente. ‘Ya viajé lo suficiente cuando era muy joven, así que no necesito hacerlo más. Ya no tengo ganas. Tengo todo lo que quiero aquí mismo’. Me preguntó que si quería un trago. Le dije que no. ‘Mi madre era una chiflada de la vida sana y mi padre un atleta. Nunca comprendí la bebida. No es buena para la salud ni para la apariencia, y te hace menos de lo que eres. Nunca he querido ser menos de lo que soy’.

” De Aguilar, publicado originalmente por Penguin Books. Primera edición: junio 2013.

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