Lol Canul

Con las diferentes celebraciones decembrinas que se acostumbran en nuestro país, las familias mexicanas disfrutan de reuniones y tertulias, de las que no puedo evitar mi crítica a la parte más nociva para el medio ambiente: el uso de desechables.

La moga de las campañas comerciales es la evitación del uso de popotes, pero es necesario mirar el panorama más abierto y entender que todos los plásticos desechables que son fabricados para ser usados una sola ocasión, son un verdadero y complejo problema ambiental. Se ha señalado que las aristas de análisis son varias y van desde la legislación, la producción y venta hasta el consumo, ataño nuevamente mi voto al poder del consumidor que podemos ejercer como particulares.

Greenpeace realizó en el transcurso del año una auditoría de marcas tras una recolección de basura en 16 estados de la República; los resultados son contundentes pues se encontró que la contaminación plástica está presente en todo el país, aunque cada estado refleja sus propios hábitos de consumo. En Hidalgo, la auditoría realizada señala que los recipientes de unicel fueron el contaminante con mayor aparición, al menos en el cuadro céntrico de la ciudad de Pachuca, seguidos por los productos desechables de plástico como vasos y cubiertos.

El unicel, también llamado poliestireno expandido, es un material de plástico espumado derivado del petróleo que por su ligereza, costo y facilidad de fabricación es visto como un producto sumamente práctico para la elaboración de recipientes y como embalaje, entre otros usos. En supermercados y locales de comida es fácil encontrarlo en forma de platos, vasos, charolas y domos, como contenedores de alimentos para consumo humano. Su producción implica el uso de recursos no renovables por lo que el impacto ecológico de su producción, consumo y desecho han sido muestra de preocupación de diversos organismos en todo el mundo. Si bien, se trata de un material que puede ser reciclable, es un proceso poco viable, pues la infraestructura que se requiere no tiene presencia en todo el país y hasta hoy, la única planta tratadora de unicel se encuentra en la Ciudad de México y solo se recibe ese tipo de desecho en las instalaciones de la UNAM.

Se sabe también que la degradación del unicel potencia las consecuencias del efecto invernadero, por lo que no es recomendable que llegue a rellenos sanitarios donde se calcula, podría durar hasta 500 años, es decir, que cada pieza de unicel que usemos durará en este planeta más de lo que estaremos nosotros. Hay que agregar que al tratarse de un plástico, este solamente se descompondrá en partículas pequeñas que no se integrarán a una forma natural, no desaparecerá sino que permanecerá como un componente más de nuestro ambiente; no sirven de alimento a ningún ser vivo, tampoco permiten el crecimiento de vida en sí.

Otro aspecto importante de saber del unicel es su impacto a la salud; estudios han revelado que la exposición al calor de ese material libera toxinas que penetran en los alimentos y bebidas, ha sido clasificado como posible cancerígeno y se cree que puede producir alteraciones que afecten la salud reproductiva de la población. Hace algunos meses, un grupo de investigadores de la Universidad de Viena encontraron nueve tipos de plástico en las heces humanas; además de los efectos que tiene en el sistema gastrointestinal, eso debe ser un indicador de que el plástico, así como el unicel, son un problema que rebaza nuestra capacidad de solución.

Ante ese cúmulo de hechos, quiero responsabilizar a la falta de información que sigamos aceptando el unicel como algo inofensivo y señalar que lo más sensato es rechazar tajantemente el consumo de ese material. La propuesta es clara: llevemos nuestros propios recipientes que no sean de unicel a las fiestas a las que asistiremos, para poner freno al impacto ambiental y a la amenaza a nuestra propia salud.

Twitter @lolcanul

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