¡Quítate! Lo alejas de un empujón, los dos con la piel húmeda; vapor de agua tibia. Jalas la cobija para cubrirte. La orilla de la colcha tira un portarretrato de madera, te incorporas y lo levantas, contemplas la imagen de ellos desde alguna playa del pasado. Le preguntas en tono lastimero:
¿Qué vamos a hacer?Nada princesa. Desapego, esa es la idea te arrebata el portarretrato y lo coloca en su sitio con el vidrio roto.
¿Desapego?
Sí, desapego. Nadie es de nadie él se endereza, toma el vaso con wiskey, le da un trago hace unos días vi una película de un monje que meditó durante tres años, tres meses y tres días en una caverna esboza una sonrisa, fuma, sigue diciendo regresó al monasterio, pero conoce a una mujer y deja todo para casarse con ella.
¿Qué tiene que ver con esto?
Calma da un segundo trago pasa el tiempo, tiene hijos y una vida convencional. Después, llega una gitana al pueblo y tienen un amorío. Atormentado recurre a las enseñanzas de su maestro quien le pregunta ¿Qué es mejor, satisfacer mil deseos o dominar uno? Sonríe, deja el vaso sobre la mesa, ¿qué es mejor?
Para ti satisfacer mil, de otro modo no habría congruencia con tu doble vida y…
No seas ridícula. Deja tus discursos atascados de culpa. Piensa, intenta pensar un poquito. Si el monje regresa a la caverna o al monasterio, ¿qué pasa? Sí se queda con su mujer e hijos, ¿qué sucede? Es una película de opciones, de asumirse. Hay una escena en donde atormentado por las dudas desconoce, incluso, su reflejo del agua del río. Cuando nuestra mirada nos resulta ajena significa que…
No me importa la mirada. Esto no está bien, ella es mi hermana comienzas a vestirte a prisa.
No seas pueril, compórtate como la mujer que aparentas ser. Esto no significa traición, necesariamente.
Entonces, ¿qué es la traición?
La traición existiría si este hombre no hubiese dejado el monasterio un día o a su esposa al otro, la traición es un acto individual, faltar a ti, permanecer sordo a tu voz.
No quiero jugar esto.
Ya lo empezaste a jugar princesa, lamento que no te hayas dado cuenta de eso anoche que te metiste en la cama que compartimos tu hermanita y yo.
Eres un idiota.
Tranquila, nadie se va a enterar, no has destruido un hogar feliz.
Entras al baño, no es tan tarde, abotonas tu blusa mientras orinas y reconstruyes la víspera. Te despediste de tu hermana con un abrazo sincero, él se ofreció a llevarte y de camino sugirió la cena, accediste. Un vino, dos, tres o cuatro botellas. Su apartamento, cocaína, fragmentos de un baile, energía, horas enteras brincando, risas cavernosas, un florero roto. Una botella en el piso. Luz del día, lodo de vino, tus pies descalzos, un vidrio en tu talón. Contemplas tus pies.
***
Eres un imbécil, ábreme ya odias su arrogante trago al café, sí, arrogante trago, te dices, porque su dedo índice te apunta aún con la taza en la mano.
¿Por qué me dices así cuándo digo la verdad? Mira, mejor come, seamos civilizados su risa te golpea. No quieres escucharle, tienes en la garganta un cúmulo de insultos comunes. Odias su sonrisa, las arrugas alrededor de sus ojos podemos seguir jugando cuando mi amada se vaya a los congresos debes levantarme, salir corriendo, pero no puedes moverte de esa silla.
¡Eres un pobre imbécil!
Toma las llaves y hazlo tú.
Saca las llaves del cajón de las cucharas.
***
El dolor en el talón te impide correr, sin embargo, lo intentas. La sangre se atora en tu garganta, es difícil pasar saliva. Una lluvia repentina se desata, detenida en el quicio de una puerta cualquiera, piensas “Nunca me besó los labios, como si fuera una puta”. Detienes el taxi que te salpica. Dices precipitadamente la dirección de tu casa.
***
Los coches avanzan cada vez más lento. Un atropellado, un choque, una llanta ponchada; las opciones son infinitas. A veces, ya no hace falta nada más que un pretexto para que el tráfico se detenga; literal, se detenga. El taxista encuentra el remedio apagando el motor.
Las cosas se ven más complicadas de lo que son dice el hombre.
El lugar huele a mierda de camello viejo y elefante pellejudo, al lado está el circo triste que a veces se instala en esta parte de la ciudad. El taxista sube su ventana para aislarse de la hediondez. Te acomodas a ver el espectáculo con aire de nostalgia; la trapecista ágil de piernas largas sale corriendo de la carpa, mientras cruza el camino de grava para llegar a su camerino los años la traicionan con los ridículos tacones, el maquillaje brilloso con estrías de sudor, los labios secos, la mirada opaca de vieja actriz. Un payaso con la camisa abierta le extiende un cigarrillo encendido, ella fuma dos veces mirando al cielo. La magia del circo se desvanece con las risas que salen de la carpa. La trapecista se recarga en un poste oxidado, ves cómo su abdomen flácido se cuelga de los pliegues de su tutú dorado.
El taxi y el resto de los coches avanzan repentinamente.
¿Qué pasaría? el conductor habla para sí mismo, abre la ventanilla y aún se cuela el aire a mierda, aunque el espectáculo ha quedado cuadras atrás. A un lado de la banqueta un hombre con aspecto oriental termina de cambiar un neumático, a veces un simple vidrio nos detiene sonríe desde el retrovisor el taxista.
Escribes el mensaje de texto: busca tu portarretrato junto a los vidrios del florero que rompí. Lo envías al número de tu hermana.

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Estudió la maestría en subjetividad y violencia. Es editora independiente y se ocupa de la gestión de proyectos culturales en la revista binacional Literal Latin American Voices. Estudió en la escuela dinámica de escritores que dirigió Mario Bellatín. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Foecah. Realizó una residencia artística en Colombia donde escribió un libro de cuentos basados en el I-Ching, editado por el Cecultah. Ganadora del concurso de cuento Ricardo Garibay.